30/09/2010Analisis PelículaMarte, el planeta rojopor Federico Canevari
Año: 1952Titulo Original: Red Planet MarsDirección: Harry HornerElenco: Peter Graves, Andrea King, Herbert Berghof ¿Cual es la premisa que debe tener una película estadounidense de los 50's sobre marcianos? Lógico, tiene que haber platillos voladores, extraterrestres invasores con simpáticos atuendos y demás cliches de la ciencia ficción de la época. Bueno, si hay algo para valorar de Red Planet Mars es su originalidad, puesto que para mi sorpresa, no hay nada de eso...
Es increíble como una película que desde el comienzo y hasta poco antes de la mitad mantiene una trama mas que interesante y original, puede caer en picada para transformarse meramente en una simple propaganda estadounidense más sobre la Guerra Fría. Ahora voy a explicar como lo que amagaba a ser un abuelo de la película "Contacto" (por su argumento inicial), termina transformandose en una excusa para atacar a los soviéticos y en un retrato de la utopía político-religiosa conservadora de aquella época.
Vamos por partes. La película comienza con un científico norteamericano que junto con su esposa parecen recibir lo que sería una señal desde Marte. Los rusos no quieren quedarse atrás y para eso tienen contratado a un ex científico nazi (que dicho sea de paso, está en algun lugar de la cordillera de Los Andes) para tratar de interferir y escuchar el contacto. Una vez confirmada la señal marciana, la noticia empieza a dar la vuelta al mundo, penetrando incluso la cortina de hierro.
Los científicos comienzan a mandar preguntas a Marte y es donde la película empieza a lavantar vuelo con una original y sarcástica referencia económica. Los marcianos mandan un mensaje en el que dicen que viven 300 años y al rato comienzan a quebrar las aseguradoras de vida. Luego responden que en su planeta una mínima porción de tierra puede alimentarlos bien a todos, y en nuestro planeta cae la agricultura. El próximo mensaje termina de crear el caos, ya que dicen no usar petroleo, carbón ni electricidad sino "energía cósmica". Como es de esperar la industria minera cae, la sigue lógicamente la del acero y con eso termina desbarrancando toda la industria mundial. Las noticias sobre el caos económico recorren el mundo, inclusive entre varios periodicos sale en la primera plana del (¿monopólico?) diario "El Heraldo de Argentina". En el Kremlin sonríen maleficamente (la crisis parece no haberles afectado) y se jactan de la destrucción de la democracia. Uno de ellos dice "Lenin soñó con conquistar el mundo, Stalin lo intentó, nosotros lo conseguiremos". Pero bueno, nada que no hayamos visto antes en el contexto de la época. Pronto el protagonista pasa de ser el científico de moda a ser odiado por todo su país al punto que los desempleados le rodean su casa de California.
Hasta aquí es una gran película, con una perspectiva poco habitual para la época sobre el contacto extraterrestre a través de señales de radio sin necesidad de mostrar platos voladores o alienígenas, y justamente por eso me hacía acordar de alguna manera a la novela (llevada a la pantalla grande) del maestro Carl Sagan. Sin embargo, pronto llega a nuestra retina el indescriptible vuelco de 180 grados hacia la propaganda política y religiosa. Veamos...
Cuando en Washington estaban perdiendo la paciencia con los amigos marcianos, pronto llega un nuevo mensaje que descoloca a todos (inclusive a los espectadores). Respondiendo a la pregunta del científico de como habían hecho para sobrevivir sin autodestruirse, contestan con un pasaje bíblico, mas precisamente con un fragmento del "Sermón de la montaña". No tarda en expandirse la teoría que Jesús era marciano, se empiezan a llenar las iglesias y templos de "todas las religiones" del mundo (segun la película, las ramas nacidas del abrahamismo representan a todas las creencias... y Mircea Eliade se revuelca en la tumba). Volvamos ahora a la URSS. Se muestra a unos pobladores que al escuchar la noticia por radio descuelgan los cuadros de Stalin y a Mao, salen afuera y desentierran sus viejos objetos religiosos. Confrontando las reglas, realizan una improvisada misa ortodoxa hasta que llega un batallón soviético que sin mediar palabra los fusila a todos. Los mensajes marcianos siguen llegando en ese sentido de "derribar a la tiranía y seguir a Dios". Ahora es el Kremlin donde se muda el problema. La cúpula soviética está inquieta ante la rebelión religiosa de su pueblo, hay manifestaciones callejeras y no dudan en ordenar masacrarlos. Creo que nunca vi un maniqueismo tan marcado en una película de la época, los rusos son tan pero tan malos que solo les falta usar cuernos y tridentes. Uno dice sin demasiados dilemas algo así como que no importa tener que matar a 20 o 30 millones de los suyos, desprecian occidente, la democracia, a su propio pueblo y faltaría decir que también a las ballenas. Pero la arremetida de la fé es mas fuerte y la rebelión triunfa. Una nueva revolución se impone en la Unión Soviética otorgandole el poder a... ¡el patriarca de la iglesia ortodoxa rusa!. Los rusos festejan unidos a su nuevo gobernante, los estadounidenses festejan escuchando las excelentes noticias del otro lado de la cortina de hierro. Todos festejan y es un mundo feliz. No sabemos que pasó con los desempleados, ni con la crisis económica, ni con los marcianos. Todos los males parecen haber sido extirpados. El mundo utópico que los estadounidenses mas conservadores soñaban en aquel entonces retratada fielmente en una película. El bien había triunfado sobre el mal como una especie de realidad paralela creada por la película, mostrándonos que mas importante que un contacto con una civilización extraterrestre debía ser la caída del enemigo terrestre.
Sobre el final hay una vuelta de tuerca interesante que amaga con ser importante pero termina en la nada. Pero lo que me interesaría marcar es que vuelve a aparecer el científico aleman que trabajaba para los rusos. La pregunta es: ¿cómo hacer, despues de mostrar a los soviéticos tan pero tan malos, para que alguien (en este caso un ex nazi) sea todavía mas malvado? La respuesta es Satán claro, mientras los rusos eran malos por su odio a occidente y a la democracia, él solo podía decir abiertamente que adora al rey del infierno para que sean mas lógicos los niveles de maldad.
Así es como una película de ciencia ficción que logra evitar todos los clichés de la época en lo que respecta a su género, se termina desbarrancando y dejando a los pobres marcianos de lado (que quedan relegados por cuestiones mas terráqueas). Sin embargo, a pesar de todas las críticas que hice, no queda más que valorar el intento de haber hecho algo diferente con la ciencia ficción en aquella epoca. Por otro lado, tengo para remarcar otra virtud. En la película, el transcurso entre que se manda el mensaje a Marte y es respondido tarda poco más de 6 minutos. Lo interesante es que en esos 6 minutos, los protagonistas se ponen comodamente a hablar y a esperar hasta que llegue la respuesta, algo absolutamente inimaginable para esta época actual de pochoclos y anteojitos 3D. Al fin y al cabo, interesante película de ciencia ficción y de propaganda política para entender mejor la epoca.
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