26/09/2010
Analisis Película
Satanás
por Choripan de Fuego



Año: 1934
Titulo Original: The Black Cat
Dirección: Edgar G. Ulmer
Elenco: Boris Karloff, Bela Lugosi, David Manners, Jacqueline Wells, Egon Brecher

1934. La Universal no anda nada bien, como no anda bien absolutamente nada en plena depresión mundial, pero afortunadamente para estos pibes, las pelis de terror les están dando lo suficiente como para ‘pucheriar’ ...y algo más. El público agradecido, la crítica no tanto, ...aún, hasta la próxima revalorización. Entre estas películas 'menores' 'de terror', nos estaban legando auténticas joyas, tales como "Drácula" (Drácula, 1931), "Frankenstein" (Frankenstein, El Creador Del Monstruo, 1931), "La Momia" (The Mummy, 1932) y "The Invisible Man" (El Hombre Invisible, 1933).

Para demostrar que la moda de los crossovers no viene de ahora, a estos buenos muchachos para su nuevo proyecto no se les ocurrió mejor idea (de hecho fue una buena idea ya que el film fue un éxito de público) que cruzar a sus dos monstruos mas importantes para una inolvidable lucha de Titanes:

¡Oh, no! ¡Drácula contra Frankenstein!

Bueno no; no los monstruos, pero si sus intérpretes, Boris y Bela,
Bela Lugosi (Béla Ferenc Dezso Blaskó [1882-1956]), también conocido como Drácula (o mejor dicho, Drácula, también conocido como Lugosi), y Boris Karloff (William Henry Pratt [1887-1969]), 'Frankie' para los amigos. Todo bajo las órdenes del injustamente olvidado -por algunos-, Edgar G. Ulmer [1904-1972]. Estos enormes actores se trenzan en un enfrentamiento imperdible que, literalmente, se les va de las manos y se va a las manos.

¿Basada en un cuento de Poe? Eso dice el Afiche, pero…

La trama supone una adaptación del cuento corto de Edgar Allan Poe [1809-1849], "The Black Cat" (El Gato Negro), publicado en 1843, que no lo es tanto. Como es costumbre en la industria, con re-escritura tras re-escrituras de guión, la trama se tergiversa tanto que al final las similitudes con el material original son anecdóticas. Título, ciertos detalles y climas. Lo demás: fruta. Por suerte, en este caso, la fruta es de las buenas.
La historia evolucionó en un episodio biográfico, libre y ‘no autorizado’ de la vida de Aleister Crowley (Edward Alexander Crowley [1875-1947]), ocultista, mago negro ceremonial, ajedrecista, alpinista, cazador y escritor, muy polémico por aquel tiempo. Este zarpado de Crowley (famoso por sus orgías, bisexualidad, experimentación con drogas y esoterismo) es el mismo que sirviese de inspiración a Ozzy Osbourne, Randy Rhoads y Bob Daisley para el tema “Mr. Crowley”, publicado en el primer disco solista de Ozzy post Black Sabbath, “Blizzard Of Ozz”, 1980. Y también a Bruce Dickinson para el guión del film “Chemical Wedding”, 2008.

¡Shhh, que empieza!

Quiere el destino -o la sobreventa de boletos en la sucursal de Budapest del Orient Express- que una pareja de recién casados, Joan y Peter Alison (Jacqueline Wells y David Manners, respectivamente) rumbo al destino de su luna de miel en Hungría, tengan que compartir asiento con el misterioso Dr. Vitus Werdegast (Lugosi). Bien rarito el psiquiatra, Quien dice encontrarse de regreso para ver a su amigo, el arquitecto Hjalmar Poelzig (Karloff), ambos veteranos de la primera Guerra Mundial. Tras un accidente en la lluvia, en el cual muere el conductor del transporte, Werdegast ofrece refugio a la pareja en la cercana mansión de Poelzig. La condición de la mujer exige reposo y hay que denunciar la muerte del extra, je. ¡A lo de Poelzig, urgente! Poelzig a regañadientes da asilo al viejo ‘amigo’ y a la joven pareja. Las semejanzas inversamente proporcionales a Drácula: la llegada al castillo/mansión, en carruaje/taxi, solo que aquí no es Lugosi el anfitrión, sino el huésped, son dignas de mención.
La presentación de Boris, manipulando al espectador con la silueta del monstruo de Frankestein es excelente. Para sumar extrañeza, en los primeros minutos pareciese desplazarse flotando, espectralmente.
Su casa es por demás extraña, las habitaciones comunican incoherentemente, dando pie a una absoluta falta de privacidad y a la locura misma, o a los diseños de la muerte. Los ángulos caprichosos, desafiantes, dan un clima extraordinario. No es lo que hubiésemos esperado, un sombrío castillo con telarañas, sino una ultramoderna mansión, que no desentona con las extravagantes ropas que exhibe Poelzig. El mismísimo Ulmer se encargó del diseño “not of this earth” de la indumentaria de Karloff.

Un Spoiler grande como una casa (…¡construida sobre un río de Sangre!)

Como el fallecido conductor les había relatado, la casa de Poelzig estaba construida sobre la antigua Fortaleza de Marmarus, de la cual Poelzig era su comandante. Resulta que Poelzig era un asqueroso traidor que había entregado la fortaleza a los rusos y era el responsable de las innumerables muertes que son leyenda en el pueblo húngaro. Werdegast era parte de esta fortaleza y fue tomado prisionero, por un corto período de ¡15 años! Y ahora ha vuelto. Busca a su mujer y a su hija, sabe que fueron robadas por Poelzig. El psiquiatra busca venganza contra el arquitecto. Viene persiguiendo a Poelzig por todo el mundo, incluso América del Sur, para finalmente dar con su Némesis donde todo comenzó. Marmarus.

La venganza no es buena, mata el alma y la envenena

Enterado, por boca de Poelzig, que su mujer y su hija han muerto, Werdegast decide esperar para concretar su venganza. Un hombre que ha esperado 15 años, puede esperar una noche más. El Doctor es paciente. Es que Poelzig ya tiene planes para la pareja de huéspedes (para Joan sola en realidad, Peter es descartable) y Werdegast decide interponerse. Poelzig no solo es un cobarde, y aficionado embalsamador (¡tiene, entre otras, a la mujer de Werdegast en una caja de cristal!), es un sacerdote satanista a quién de arriba le llega una victima sacrificable.
Los oponentes se juegan la suerte del joven (y pasivo) matrimonio en una partida de ajedrez. Werdegast pierde. La chica va al sacrificio. Este es un punto importantísimo, la relación entre estos dos titanes la dirimen como una partida de ajedrez.
Werdegast advierte del peligro a Joan y ella a su vez le revela que su hija, Karen, ¡está viva! La ha visto. Y vive en concubinato con Poelzig, como antes lo hacía su madre, también llamada Karen!
Si, Poelzig vive en incesto, casado con su hijastra, ¡Otra que Woody Allen!
Uy, uy, uy, como vas a sufrir Poelzig, Werdegast te la tiene jurada. Enterado de que Werdegast ya está en conocimiento de todo, Poelzig, mata a Karen, sin rodeos.

Llega entonces la misa negra, el punto más alto en todo el film.
Filmado con total maestría, con primerísimo planos a rostros absolutamente dementes, un enloquecedor altar, gritos e incluso una incomoda posesión demoníaca.
Werdegast busca entonces a su hija y encuentra el cadáver. Se pudre todo!
Interrumpida la misa negra, Werdegast atrapa a Poelzig, previa pelea a trompada limpia. Y no sin antes el sacrificio de los peones, los mayordomos. El duelo es un claro empate, hasta que Werdegast vence a Poelzig, para lo cual se vale de la ayuda de su mayordomo agonizante.
Acá la cosa se pone truculenta, Werdegast despelleja vivo a un Poelzig encadenado (esto solo se muestra con sombras, este no es un film gore, Bela ni siquiera se ensucia con sangre). Hasta este momento Werdegast no había perdido la elegancia gardeliana, pero aquí ya lo vemos despeinado, lo que es todo un shock en extremo efectivo. Notable la escena donde Lugosi se acerca por el costado izquierdo de la pantalla, cual Alien, al rostro inmovil de Karloff, cual teniente Ripley. Un homenaje que ignoraba hasta ver esta film.

The Black Cat se desarrolla con una fotografía en blanco y negro sublime, responsabilidad de John J. Mescall, que resulta una delicia. Reminiscente del expresionismo Alemán al que Ulmer no es ajeno. Ángulos imposibles, luces y sombras. Ulmer narra no económicamente, sino con contundencia. Puede que el único punto en contra sea la banda sonora, a cargo de Heinz Roemheld, que no cesa un minuto. Quizás esto sea un residual del no muy lejano cine mudo; encontrando el punto más flaco de la música en la escena del rapto de Joan, donde la partitura es mas adecuada para el romance que para la angustia.

Eu… …¿y el gato negro?

Ehhhmmmmm, …Werdegast sufre de Ailurofobia crónica. ¿Suficiente? ¿No? El gato negro es la encarnación del mal. ¿Ya?
Leyendo bien el afiche dice “sugerida”, no adaptada. Ahora si, suficiente.

Porque hay que verla?

Porque es una obra de arte, lisa y llanamente.
Por un excelente Bela; por un excelente Boris; y por Bela y Boris juntos.
Y por un excelente Ulmer. Que incluso se anima a un par de tóques cómicos, absolutamente certeros, como son el mayordomo desganado de Poelzig y el interrogatorio de los agentes de policía.

La crítica se decantó por su favorito: Boris Karloff. Yo sinceramente no puedo. Bela, aún sobreactuando (las escenas del gato, por ejemplo) es maravilloso, ni hablar de su acento, que significaba un terrible problema por aquel entonces, hoy no es menos que espléndido y emocionante. Cada día pronuncia mejor. Y Boris es igual de magnífico.
Además, vamos, dura apenas una hora, un metraje ridículamente corto, incluso para las obras de aquel entonces.
Corta, artística, entretenida, y truculenta. ¿O que? ¿Van a ver la tele?


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