08/04/2009
Analisis Película
Barbarian Queen
por A.V.



Año: 1985
Titulo Original: Barbarian Queen
Dirección: Héctor Olivera
Elenco: Lana Clarkson, Susana Traverso, Dawn Dunlap, Kath Shea, Víctor Bo.

Barbarian Queen, si no es la mejor de las películas que Roger Corman produjo en Argentina, sí es (o eso creemos) la más famosa. Ni una ni otra cosa quieren decir nada importante. Todas las películas que Corman produjo en Argentina son malas, y (salvo aficionados demasiado interesados) no las conoce nadie. Pero a nosotros eso no nos importa. Nosotros la miramos (y muchas veces) y luego escribimos sobre ella.

¿Cómo hacer una sinopsis? Comencemos con esa clásica idea de que en un reino muy antiguo… etc. La cuestión es que hay un rey malo que ataca una aldea, y que rapta un par de musculosos (Víctor Bo y un rubio grandote llamado Frank Zagarino) para hacerlos gladiadores. Deja varios cadáveres por el camino, y sólo sobreviven al ataque unas chicas que serán las heroínas de la película: Amethea, interpretada por Lana Clarkson, Estrild (Kath Shea) y nuestra favorita Tiniara, interpretada por nuestra compatriota Susana Traverso. Las chicas deciden ir al rescate de los chicos, que fueron llevados a la ciudad donde vive nuestro tiranuelo. Luego de un largo camino (al menos ellas afirman que vinieron de lejos) entran a la ciudad, pero no por la puerta grande, sino por unos pasadizos y catacumbas, donde encuentran a un grupo rebelde. Allí comenzarán a urdirse los planes para rescatar a los muchachos, quienes a su vez tratarán de soliviantar a sus colegas al mejor estilo Espartaco. Las chicas se irán mezclando en la ciudad, alguna será atrapada y morirá (en una implacablemente mala actuación de la susi), y hasta podremos presenciar alguna de las frecuentes orgías de la corte maligna. Al final se intentará la rebelión.

Las influencias de la película son indiscutibles: Barbarian Queen es una hermana menor y marginal de la prolífica descendencia que dejaron las películas sobre Conan protagonizadas por Arnold Schwarzenegger. Claro que si es parte del género de Sword and Sandal, lo es sólo de esa parte tardía que nació con Conan, y no de los magníficos péplum de las décadas anteriores. Aunque si debemos clasificar la película y ubicarla en un género, lo mejor sería decir que es de Roger Corman. También podríamos decir que es una especie de lejano antepasado de la serie Xena: Warrior Princess, pero sería demasiado (aunque no falta quien proclama con certeza el parentesco).

¿Qué decir? Las peleas son horribles, las coreografías patéticas y tristísimas. Víctor Bo o Susana Traverso no desentonan: el resto también lo hace mal. Cuando dos personas pelean, el defensor pone el palo para atajarse, y luego el atacante le golpea el palo. La última pelea es un “todos contra todos” bastante gracioso, sobre todo si uno puede verla muchas veces, atendiendo a los extras del fondo, o al perdido de siempre que no sabe a quién golpear. Los trajes son bastante feos, y no podía ser de otra manera. Las escenografías son un bochorno. Si lo mejor de la película es ver pelear a Lana Clarkson, comprenderán de qué estoy hablando. O sea, si uno busca todo eso que acabo de nombrar (que es lo que nosotros estábamos buscando), la película es maravillosa. Está todo junto.

Renglón aparte merece la heroína. Si Lana Clarkson puede pelear relativamente bien en tierra y en agua, y si carga en su espalda el (no muy pesado) peso de la película, bien merece que reivindiquemos a su personaje tratando de profundizar en su pensamiento: “No seré la esclava ni la prostituta de ningún hombre. Y si no puedo matarles los dioses sabrán que lo he intentado.” Salvo por los característicos rasgos de género, esas palabras bien podrían haber sido dichas por William Wallace, otro que no quería ser esclavo y que prefería intentar conseguir su libertad aún a riesgo de fracasar. ¿Vamos demasiado lejos con la comparación? No veo el por qué: si Mel pudo lucirse gritando “freedom” o dando un discurso delante de un ejército, también Lana tendrá su momento estelar luciendo sus kilométricas piernas y regalando una escena que no necesitará de demasiadas discusiones para que los pocos (y extraños) cultores del género la reivindiquen como histórica. Y si Mel puede hacer mejores películas que Barbarian Queen, es sólo porque puede conseguir la pasta que las sustenta.

Como a nosotros nos encanta el cine basura, pero siempre tratamos de revestirnos con un ropaje de seriedad, no podemos dejar pasar la oportunidad de hacer un análisis político del film. Si el rey es uno de esos típicos déspotas malvados, su reino no parece muy poderoso. Aunque nuestras chicas tuvieron que realizar un viaje para llegar a la ciudad, y aunque siempre aparece implícita la idea de que el rey tiene muchos súbditos, la verdad es que su poder más parece el de un caudillo de barrio que el de un emperador. Si sus soldados son poquísimos, y si tiene a los rebeldes viviendo al lado suyo y no puede verlos, su ciudad es, sencillamente, un culto a la desorganización artística. Es apenas una plaza con algunas cortinas que parecen oficiar de casas o callejones, aunque eso sí, muy populosa: en apenas treinta metros se amontonan unos cien extras, que caminan quien sabe a dónde y a hacer qué. No nos enojemos demasiado: el problema es lisa y llanamente que el rey y su reino son tan pobres como pobre es la producción de la película. El espectador debe ejercitar su imaginación para imaginar que los pocos extras que hacen de soldados pueden contener a una turba de gladiadores musculosos, y que con unos pocos caballos se puede saquear una aldea. Más allá de esa mirada idiota que uno podría aplicar sobre una película que no lo merece (después de todo uno hace lo que puede con lo que tiene), me fascina una escena en la que el hijo de los rebeldes le pide a su padre que ayude a las chicas. El líder rebelde, conciente de su posición, arremete con un par de argumentos para justificar su negativa: “Cuando yo era joven tenía mis sueños, como tú. Pero con el tiempo ves las cosas de otro modo, y pierdes los sueños. Antes éramos guerreros, ahora es otra lucha, hay que ser muy astuto”. Esta frase, que marca la carrera de muchos “ex – revolucionarios” devenidos “políticos responsables”, bien puede justificar la película. ¿Vamos demasiado lejos? Así somos nosotros.

Los interesados en las películas que Roger Corman produjo en Argentina, pueden visitar el excelente artículo de Cinematófilos.


Galería:
Barbarian Queen



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