Año: 1961 Nombre en español: "Atlántida, el Continente Perdido" Director: George Pal Actores: Sal Ponti, Joyce Taylor, John Dall, Edward Platt
George Pal, director de la película que nos ocupa, había dirigido apenas un año antes la famosísima (y analizada ya en nuestro blog) “La Máquina del Tiempo” de 1960. Como para cualquier artista, el trabajo siguiente a una obra maestra genera expectativas que son muy difíciles de complacer. “Atlántida, el Continente Perdido” es una película que, comparada con su anterior film es de bajísima calidad en todos sus aspectos (y siendo demasiado bondadoso en la palabra “bajísima”, para no decir “horrible”), pero sin embargo en lo personal me pareció más que entretenida. Veamos…
Como en otras películas de la época, comenzamos con una breve introducción estilo documental que nos adentra en el mito de la Atlántida. Nos habla de las misteriosas similitudes entre las culturas de Europa y el Nuevo Mundo, suponiendo que el nexo estaba en el continente perdido. Mejor dicho es una ensalada de datos como para armar el climax y a la que no hay que buscarle mucho sustento académico (sí, Zeitgeist no inventó nada nuevo). No importa si la banana en América es una evidencia de la Atlántida, como nos sugiere la introducción. Vamos a creer que todo es verdad para disfrutar más la película, no nos pongamos quisquillosos.
La historia comienza en una época remota cuando un pescador griego llamado Demetrios y su padre, encuentran una mujer a la deriva en medio del mar. La rescatan y la llevan a su aldea, donde ella se presenta como una princesa. Y claro, una princesa no quiere saber nada con estar en un hogar tan pobre y con esos sucios pescadores, quiere volver a su hogar. “En nuestra tierra, no tenemos reyes, ni hijas de reyes, ni esclavos. Somos todos libres.” dice el griego en defensa de su humildad… y yo pienso que por suerte la película no aclara en que época está ambientada, lo que nos obliga a pasar de largo esa y otras frases igual de ingenuas. Así que la princesa seduce a Demetrios para que la lleve más allá de las Columnas de Hércules, zona que ninguno de los pescadores se animaría a cruzar. A cambio de su ayuda le promete casarse con él una vez lleguen a la Atlántida. Cuando están perdidos en medio del mar, aparece un submarino que Demetrios confunde con una ballena y a la que infructuosamente quiere matar con un arpón… ¿Muy original, no? No, no se llama Nautilus el submarino por si alguien pregunta.
Es entonces que ambos son rescatados y llevados a la Atlántida en el submarino. Pero el famoso continente perdido no parece un buen lugar de vacaciones para el pobre Demetrios. Los extranjeros son esclavizados y maltratados de todas las formas posibles por los malvados atlantes, cuyos soldados usan unos conos ridículos en la cabeza. Pero la película nos enseña que los malos pueden estar liderados por alguien bueno que en realidad está mal asesorado. Es que el pobre rey, el padre de la princesa, en el fondo parece tener buen corazón y son sus consejeros los que le llenan la cabeza de maldad. Volviendo a la trama, la princesa va a tener que casarse con alguien que no quiere mientras Demetrios es esclavizado, aunque su llegada parece estar profetizada con la caída de la Atlántida y buscará liberarse con la ayuda de los demás esclavos. Mi detector de clichés está a punto de estallar, así que dejo el argumento aquí y voy a los detalles importantes.
En primer lugar, es interesante la idea de que los atlantes sean tan malvados. Lo son al punto de querer conquistar todo el mundo, esclavizar a todos los pueblos y lo más original de todo: hacer experimentos genéticos que les otorgan cualidades animales a los esclavos para subir su productividad. Me imagino que la idea era mostrar una cruza entre el imperio romano, el nazismo y los soviéticos. No podemos esperar otra cosa de una película de esa época, los malos y los buenos están claramente definidos: los griegos amantes de la libertad contra los atlantes esclavistas.
En segundo lugar, y lo mas importante de la película. El Sacerdote de la Atlántida, desde el primer minuto que apareció, me parecía cara conocida. Luego de un rato me di cuenta… ¡sí, era él! Ni mas ni menos que Edward Platt. Claro, tal vez por el nombre no les sea conocido, pero su cara sí. Es el famoso jefe de Control en Get Smart, o, el Agente 86. Su rol en la película es vital. Por un lado porque parece haber dejado atrás a los dioses paganos atlantes y descubierto al “dios verdadero”, un adelantado del monoteísmo occidental digamos. Por otro lado, es de los asesores del rey, el único que se opone firmemente a la guerra, a la conquista y al sistema esclavista de su pueblo “Un país que depende de la esclavitud para su existencia, debe perecer.” dice nuestro amigo profetizando la caída del continente perdido. Por último, es quien obviamente intenta ayudar a Demetrios y a la princesa en sus aventuras. De más está decir que Platt se roba la película, sin necesidad de usar el “cono del silencio”.
Técnicamente la película es bastante mala. Incluso para la época las escenas son muy pobres, las maquetas de la Atlántida quemándose y sumergiéndose dejan bastante que desear. Si bien la historia mantiene el interés hasta el final, el argumento y los diálogos son totalmente previsibles e ingenuos. Pero sin embargo, así y todo, es una película que se deja ver y se puede disfrutar si no es demasiado exigente. Atlantes imperialistas, experimentos genéticos, cristales gigantes destructivos, clichés varios y el jefe de Control. La película cumple con su objetivo de entretener un rato, pero sigo todavía esperando ver LA película sobre la Atlántida, una que logre sacarle todo el jugo a un tema tan antiguo como atrapante. Mientras tanto, uno se tiene que conformar con películas regulares como estas, o jugar a la inolvidable aventura gráfica Indiana Jones and the Fate of Atlantis y soñar con que Indy en una película busca el continente perdido.
Año: 2002 Director: Don Coscarelli Actores: Bruce Campbell, Ossie Davis, Ella Joyce
Ya ni es necesario que cuente mi admiración por Bruce Campbell. Desde la primera vez que vi la deslumbrante trilogía de Evil Dead que el actor se volvió uno de mis personajes favoritos del cine. Ligado eterna e irremediablemente al cine clase B, Campbell protagoniza casi siempre a un sobreactuadísimo anti-héroe interesado, sarcástico y machista que debe terminar con alguna maldición o villano de turno. En la fenomenal película que nos ocupa la fórmula no cambia demasiado salvo por un detalle, él es… ¡“el rey” Elvis!
¡Como explicar un argumento tan extraordinariamente retorcido como este! A ver, estamos en un aislado geriátrico de Texas. En una cama está un anciano Elvis Presley interpretado por Bruce Campbell. Está con sus patillas y sus anteojos característicos pero claro… ¿quien le va a creer habiendo tantos imitadores pululando por el mundo y a décadas de la supuesta muerte? Pronto conoceremos a través de flashbacks la historia de cómo el ícono popular estadounidense terminó allí. Al parecer estaba ya harto de los excesos, de un entorno que lo exprimía, de una vida demasiado pública y decidió cambiar de roles con su mejor imitador, al mejor estilo “El Príncipe y el Mendigo”. Su imitador murió como si fuese el verdadero Elvis, y él se lastimó la cadera mientras cantaba en una banda tributo (a él mismo, claro) para ganarse la vida. No quedaron pruebas de la sustitución y él quedó postrado en el geriátrico texano durante décadas, extrañando sus épocas de fama pero especialmente a su esposa Priscila y a la hija de ambos, Lisa Marie. Pudiendo caminar muy lentamente con un bastón, “el rey” pasa la mayor parte del tiempo tirado en su cama mientras ve a los demás internados morir de a poco. Hasta aquí parecería más un drama fantasioso que otra cosa, pero no saquen conclusiones anticipadas… Lo digo porque pronto hace su aparición en el geriátrico una momia egipcia, un “chupa-almas” que se alimenta de las almas de los internados en el geriátrico aspirándola a través de sus traseros. Y si esto no es suficiente, la momia tiene botas y sombrero de vaquero (¿?). Al principio lo consideré un genial absurdo más de los tantos de la película, hasta que pensé que si la momia estaba desde hace un tiempo en Texas debería haberse acostumbrado al entorno.
La transformación de Bruce en Elvis es sensacional
Entonces, la momia va matando durante la noche a los ancianos del geriátrico sacándoles el alma y Elvis debe detenerlo. No quiero contar más detalles del argumento pero me es imposible no hablar de ciertas joyas memorables que tiene la película. Para empezar, su amigo y aliado en el geriátrico es un anciano que dice ser J. F. Kennedy, solo que hay un pequeño detalle… ¡es negro! Y la teoría de por sí es coherente: lo pintaron de negro para esconderlo de sus enemigos… ¿quien sospecharía? Por eso pronto se da cuenta que la momia no es Lyndon Jhonson (su vice que asumió ansiosamente la presidencia) ni Fidel Castro. Este particular Kennedy afro es el único que le cree a Elvis su identidad. Otro momento extraordinario es cómo se dan cuenta del origen de la momia. En un baño encuentran unas inscripciones jeroglíficas y aquí aprenderemos una de esas verdades trascendentales que deberemos recordar toda la vida: si una momia necesita alimentarse de almas de forma cotidiana para sobrevivir, también debe necesitar defecarlas. Seguro la momia estaba aburrida mientras hacía sus necesidades así que se puso a rayar la pared del baño. Las genialidades no se detienen. Como Elvis parafraseando al mismo Kennedy “No preguntes que puede hacer tu geriátrico por ti, pregúntate que puedes hacer por tu geriátrico.” Hasta tendremos insultos en egipcio antiguo para nuestro regocijo.
Elvis y Kennedy contra la momia
También hay que destacar que dentro del absurdo de la trama, hay lugar para posibles interpretaciones. Si al Kennedy negro podemos tomarlo como un simpático anciano senil, nada nos da la seguridad que el caso de nuestro Elvis sea diferente, poniendo en duda si sus flashback son verdaderos recuerdos u obra de su imaginación.
La magistral actuación de Campbell hay que dividirla en dos, hasta la hora y pico lo vemos como un postrado anciano. Es un viejo resignado que ya no le ve sentido a la vida y solo anhela su pasado. Pero en la parte final, con el desafío sobrenatural en su puerta, se transforma en su clásico anti-héroe que tanto nos gusta, en el Bruce de siempre. Ese que sobreactúa cada situación y antes de dar el tiro de gracia dice alguna frase memorable.
A la momia egipcia le gustó la moda texana
La película está llena de humor negro, situaciones absurdas, referencias nostalgicas y hasta momentos tristes (por ejemplo el abandono de los ancianos en el geriátrico por parte de las familias es un tema presente). No se puede decir que sea de terror, fantástica, cómica, ni de suspenso o un drama. Es un batido de todos esos géneros desplegados de forma magistral por el director Don Coscarelli (Phantasm, The Beastmaster). Una verdadera joya del cine de bajo presupuesto que nadie debería pasar por alto.
Por cierto, Don Coscarelli va a filmar una precuela llamada "Bubba Nosferatu: Curse of the She-Vampires", con estreno estimado para el 2011. Al parecer, ya no va a estar Bruce lamentablemente...
Antes que algún desprevenido lo pregunte, Eddie Tagoe es el gran (pero gran, gran, gran) Chocolate Mousse de la película “Top Secret”, de la que hablaremos luego. Nuestro héroe nació en Ghana y ya comienzan los problemas. ¡Esto no puede ser! Nosotros no pensamos movernos de nuestro cómodo sillón para conocer información sobre Eddie Tagoe. Y estamos ante un gran problema: la información sobre nuestro querido Eddie escasea. Aunque no sepamos qué día naciste, aunque no sepamos si estás vivo o no, aunque ya nadie parece recordarte, nosotros, querido Eddie, que te estimamos, que nos reímos y emocionamos gracias a vos, te hacemos un homenaje.
No salgan corriendo a revisar Wikipedia. Allí dice que Eddie nació en Ghana, que es hijo de un jefe (¿cómo comprobarlo?), que estudió reflexología (¿cómo saber si es cierto?) y que fue o es reflexologista (¿?) de un equipo de fútbol, el Newcastle (el cual descendió recientemente, pero no lo culpemos al pobre Eddie). En IMDB no dice absolutamente nada de su biografía. Por eso nuestra indignación. Como puede verse en Wikipedia, en el Reino Unido Eddie es recordado por su participación en la película “Whitnail and I”. Pero en nuestras tierras, nosotros lo recordamos (emocionados) por su participación en dos películas fabulosas: “Top Secret” como ya dijimos, y “Los Cazadores del Arca Perdida”.
Eddie también participó de películas como “Pink Floyd The Wall” (como un guardaespaldas), “Arabian Adventure” (donde hacía de “nubio”), “Baby: Secret of the Lost Legend” (aquí lo podemos ver peleando contra un dinosaurio, con un estridente primer plano a los 40 segundos, y festejando la captura del pobre bicho a los 1:10), “Spaghetti House”, “The Dogs of War”, y algunas series de televisión. Pero es en Top Secret donde lo recordamos más entrañablemente. Esta película es parte de la época dorada de la colaboración entre los hermanos Zucker y Jim Abrahams (junto con “Airplane!” y la serie de “La Pistola Desnuda”.) Como todos sabrán (y si no lo saben, corran a verla) “Top Secret” cuenta la historia de un cantante norteamericano (Nick Rivers, interpretado por Val Kilmer) que en plena guerra fría se ve envuelto en una historia de espionajes e intrigas en la Alemania Oriental. Allí conocerá a un científico prisionero, a su hija (que intenta rescatarlo) y a varios miembros de un grupo de la Resistencia liderados por “La Antorcha”. Uno de los miembros de este grupo es nuestra querido Mousse de Chocolate. Cuando aparece se roba la escena tragándose un cigarro encendido, tomando una botella de gasolina y disparando con un cañón.
Finalmente, Eddie “Mousse de Chocolate” Tagoe también participó en una de las mejores películas de la historia, aquella que abrió la maravillosa saga de Indiana Jones. En “Los Cazadores del Arca Perdida”, Eddie es parte de la tripulación del barco que lleva a Indi, Marion y al Arca, y que es abordado por un submarino nazi. Eddie está nombrado en los títulos como “Messenger Pirate”, y su participación es breve, pero recordable. Los nazis dejan el barco sin haber encontrado a Indiana, y Eddie se acerca al capitán para decirle que no lo ha podido encontrar. El capitán le pide que siga buscando, y Eddie dice “ya lo encontré”. El capitán pregunta dónde, y Eddie dice “allí”, mientras señala hacia el submarino nazi que está siendo abordado por Indiana, con la clásica música de la serie de fondo. Un gran momento para Eddie, y para nosotros, sus seguidores.
Año: 1981 Nombre en español: "13 Asesinatos y Medio" Directores: Mickey Rose, Michael Ritchie Actores: Kristen Riter, Matt Goldsby, Richard Brando, The Stick
Student Bodies (conocida en español como “13 asesinatos y medio”) es una parodia del género slasher realizada en el año 1981. Aunque su fama como película de culto en ciertos círculos amantes del género nunca se perdió, la película ha ido creciendo a lo largo del tiempo como una especie de precursora de la exitosísima Scream. ¿Qué hay de cierto en esto?
La película comienza con una clásica advertencia: está basada en un hecho real. El hecho que se menciona es que el año anterior se estrenaron 26 películas de terror, y ninguna de ellas perdió dinero. Desde el comienzo conocemos los objetivos de la película: parodiar los films que hoy llamaríamos Slasher, los cuales estaban viviendo su época de oro. Así, la primera escena conecta imágenes parecidas al comienzo de Halloween, con los llamados telefónicos misteriosos propios de muchas de las películas del género. La historia, desarrollada entre chistes y gags, habla de una escuela cuyo fin de temporada se ve perturbado por una serie de crímenes cometidos por un asesino al que llaman “The Breather”, y que habla a través de un pollo de goma. La mayoría de los crímenes ocurre en alguno de los típicos lugares comunes en las películas sobre escuelas norteamericanas: en un partido de fútbol americano, en un desfile, en el baile que marca el final del curso. La película se desarrollará sin altibajos, entreteniendo y, cada tanto, haciendo reír.
Malvert, interpretado por The Stick
Por supuesto, en medio de las parodias hay claras referencias a las reglas del género (aunque no sistematizadas a la manera de Scream). La principal de ellas, que sólo mueren los chicos que se portan mal, marca la pauta de la película. Nuestra heroína no sólo es mojigata: lo es a conciencia. Todos saben que si se hace el amor el riesgo de morir aumenta. Esto es comentado continuamente en la película, y lo vemos en la mayoría de los asesinatos, que ocurren cuando los adolescentes dan rienda suelta a sus bajos instintos. Relacionado con esto, en una escena fantástica, nuestra heroína comienza a sacarse la ropa, y a medida que se quita las prendas, vemos que tiene puesto pines que dicen “No”, “I said No”, y “For the last time I said No”.
Algo particularmente gracioso son las indicaciones que se dan a lo largo de la película: aparecen flechas con palabras que explican lo que está sucediendo. Por ejemplo, se muestra una ventana abierta, y aparece un indicador que dice “la ventana está abierta”. En otras ocasiones, eso se vuelve realmente gracioso, pero contarlo aquí haría que pierda la gracia y arruinaría el chiste a quienes puedan verla. También hay un contador de cuerpos, que nos avisa cuántos asesinatos se van cometiendo (de allí el nombre de la película en español)
El contador de cuerpos
Finalmente, un comentario aparte merecen los protagonistas secundarios. Imaginarán que en el contexto de un colegio se puede crear una fauna muy apropiada: muchos de los personajes son graciosos, y gran parte de ellos son sospechosos. Pero entre todos ellos, uno se destaca, no sólo en la película, y no sólo en las películas del género, sino en la historia del cine (o al menos, del cine de culto) Es el señor Malvert, conserje de la escuela. El personaje es fantástico: alto, flaco, desgarbado, capaz de contorsiones increíbles, logra que no sepamos con cual dedo nos señala, y logra hacernos reír con sólo aparecer. Según lo describe alguien, Malvert tiene “el coeficiente de una pelota y la personalidad de un parquímetro”. Incluso quienes no soportan la película reconocen que el sólo hecho de que este personaje exista hace que verla valga la pena. Si sólo fuera esto, Malvert habría pasado a la historia como uno de tantos personajes fabulosos, pero tenemos algo más. Nadie conoce a quien interpretó el personaje. Según aparece en los créditos, era un actor que se hacía llamar “The Stick”. Todo lo que pudimos averiguar es que The Stick (llamado así por su físico) habría sido un actor de stand-up comedy, y que habría participado en dos películas, una de ellas “Student Bodies”. El misterio agigantó su fama, y hoy es todo un mito.
La heroína de Student Bodies
Ahora, a lo que íbamos. La comparación con Scream es fundada, pero errónea. El tono distinto de la película salta a la vista: mientras Scream busca el susto, Student Bodies busca la risa. El gran éxito de Scream fue haber sabido mostrar las reglas del género slasher, pero al mismo tiempo respetarlas; haberse burlado de las películas sobre asesinos violentos que persiguen a adolescentes revoltosos, pero haber construido una película sobre las mismas premisas. A dos niveles, Scream parodia y asusta; se burla de las películas clásicas y se burla de sí misma, pero asusta como las películas clásicas y está a la altura de estas. No es raro que muchas personas hayan creído que Scream es una película de terror. Student Bodies es mucho menos. Sólo es una parodia, aunque muy bien hecha. Marca las pautas del género, comenta las reglas, desnuda a las películas slasher, pero sólo llega hasta allí. Nadie podría confundir a Student Bodies con una de las películas de las cuales se burla; nadie podría creer que es una película de terror. Más que precursora de Scream (a esta altura debe haber quedado claro que creo que Scream es una película magnífica y única), Student Bodies parece ser precursora de Scary Movie, aunque bastante superior a ésta, y sin secuelas horrendas.
Verla vale la pena por varios motivos: para reírse un poco, para homenajear a las Slasher, para ver en acción al mitológico Malvert, y para sorprenderse en el final, cuando se llega a la conclusión de que la represión sexual causa gripe porcina. Una advertencia a los argentinos de hoy.
Año: 2009 Nombres en español: "Sector 9" o "Distrito 9" Director: Neill Blomkamp Actores: Sharlto Copley, Jason Cope, Nathalie Boltt, Sylvaine Strike
Las expectativas pueden ser un arma de doble filo. Yo que soy amante del cine de ciencia ficción, me intrigué muchísimo cuando de golpe todo el mundo empezó a hablar de la nueva película dirigida por el sudafricano Neill Blomkamp y producida ni más ni menos que por Peter Jackson (El Señor de los Anillos, King Kong y con un inolvidable pasado en el cine clase B) . Por todos lados empecé a ver alabanzas, puntajes altísimos (en IMDB llegó a 9.0 puntos, dejando en ridículo a todos mis films favoritos del género y ahora está en la cuarta posición en películas de ciencia ficción de todos los tiempos), críticas magníficas y recaudaciones fabulosas. “Ciencia ficción inteligente” fue el calificativo que más me entusiasmó. Con toda esa información no podía menos que esperar un nuevo clásico de la ciencia ficción, mis expectativas eran altísimas. Pero…
Debo ser yo el problema, pensé para mis adentros luego de verla, ¿será posible que sea el único que se sintió totalmente decepcionado? A decir verdad, el comienzo de la historia es prometedor. Los primeros minutos dejaron que mis altas expectativas se mantengan a salvo. Vemos una enorme nave que por fin no se posa sobre alguna ciudad estadounidense, sino en la ciudad sudafricana de Johannesburgo. Punto a favor. Lejos de los fines guerreros o pacíficos clásicos, a bordo hay extraterrestres enfermos y débiles que buscan refugio. Son confinados a un campamento bajo la nave nodriza, que con el tiempo se transforma más en una especie de “ghetto” para extraterrestres. La introducción promete muchísimo. La idea es genial, y mas viniendo de un director sudafricano y filmado en ese territorio, por lo que fácilmente se puede relacionar con el apartheid, la segregación racial, etc.. como pude leer (y pueden leer) en tantos lados. Muy bien, ya tenemos una excelente idea. El problema es que todo esto ya lo sabremos antes de los 5 minutos transcurrida la película. ¿Es eso suficiente para hablar de “ciencia ficción inteligente”? Porque en el resto de la película no veremos otra cosa que acción frenética, tiros, clichés hollywoodenses, más tiros, los efectos especiales computarizados de moda y por último más tiros. ¡Que fácil que es ser inteligente hoy! Entonces que les quedará a películas como las de Star Trek, 2001, Contacto, El Planeta de los Simios, Hijos del Hombre, V de Vendetta, etc… (por nombrar sólo algunas que se me vienen a la mente). Rápidamente me doy cuenta que me vendieron un producto muy diferente al que me esperaba. Tantas flores a su argumento, cuando su parte mas interesante la sabemos de antemano y lo que nos cuenta la película es una historia pobre y convencional en un contexto que daba para hacer algo muchísimo mejor.
Todo lo interesante que puede tener el asunto es dejado rápidamente en un segundo plano para seguir las peripecias de un insufrible personaje principal con el que nunca pude compenetrar, en escenas hiperactivas sin demasiada sustancia, y a través de un argumento casi nulo que va perdiendo consistencia a medida que avanza el film. Luego de la atrapante introducción, el argumento arranca 20 años después del contacto extraterrestre, cuando este personaje está a cargo de una operación para reubicar a los refugiados del espacio. Allí arranca una montaña rusa audiovisual no muy distinta de películas como la última “Transformers”, abandonando cualquier interés que no sea bombardearnos con efectos especiales y acción frenética. Que manera tan desconcertante de desperdiciar una idea excelente sobre refugiados especiales y un apartheid extraterrestre en Sudáfrica. Quienes ponen el énfasis en ese tema parece que olvidan la hora y media que le sigue.
Y si la tomamos como ciencia ficción pochoclera del montón, como debiera ser, es una película que está bien lograda y se puede disfrutar más. Uno debería verla predispuesto de esa manera. A la altura de Hombres de Negro, sirve para entretener (aunque la última media hora se me hizo aburridísima entre tanta confusión y tiros). Especialmente tiene en algunos momentos un humor interesante, y los extraterrestres están muy bien logrados. Pero no hay nada, pero nada, como para justificar el culto que se armó a su alrededor. Una de las características que más se le alaba es algo que para mí se me hizo insoportable. Es ese estilo de filmación de cámara en mano que se está poniendo de moda, estilo corresponsal de guerra, con lo que supuestamente nos da “realismo”. El abuso de ese estilo puede ser cansador, al menos para mí. Muy diferente es cuando en vez de usarla de manera sistemática, se utiliza en los momentos apropiados como contraste o con un fin específico (como por ejemplo “Holocausto Caníbal”).
Pero si algo me pone de mal humor, es que me adelanten la película. Ver “District 9” es como ver un trailer de casi 2 horas. Todo pasa rápido, las escenas saltan una atrás de otra, no hay momento para masticar, todo se tiene que tragar. Es un como un fast food cinematográfico, una secuencia de cortas grabaciones donde pasan muchas cosas y no hay un momento de tranquilidad con la cual contrastar tanto despliegue. Y claro, es que si se detiene esa montaña rusa alguien puede empezar a sospechar que desde los buenísimos primeros minutos de la película prácticamente no hay nada interesante para rescatar. Otra cosa para comentar es que en la primera parte el film juega con su estructura, aparentando ser un falso documental. Era una idea interesante, pero pronto vuelve a los cauces convencionales pero mezclado siempre con ese insoportable frenetismo del que hablé recién.
Resumiendo, si la idea principal era excelente (que lo era), la misma película luego la termina embarrando, convirtiéndose en una película más del montón. Muchos efectos computarizados, tiros y una sucesión de escenas hiperactivas tratan de ocultar la falta de neuronas para desarrollar un argumento acorde con el interesante contexto que se había creado. Si la estructura del comienzo prometía algo distinto, muy pronto terminó encausándose hacia el convencionalismo más hollywoodense. No entiendo las alabanzas ni los puntajes que tiene, pero mucho menos entiendo los calificativos. Una película pochoclera más, entretenida de a ratos para que disfrutemos de los coloridos efectos especiales, la acción y los extraterrestres. Pero nada más. En pocas palabras, la película mas sobrevalorada del año.
Año: 2009 Nombres original: Public Enemies Director: Michael Mann Actores: Johnny Depp, James Russo, Christian Bale, David Wenham, Christian Stolte,
Hoy inauguramos la sección Colaboraciones, donde quienes quieran mandar sus propios análisis pueden hacerlo y serán publicados en Octavo Sentido (siempre y cuando nos guste, claro). Y para estrenarla, un excelente y profundo análisis que nos entregó Martín Scodeller, desde Valencia, sobre la reciente película “Enemigos Públicos”. ¡Gracias Martín!.
Antecedentes del director
Michael Mann se hizo famoso en los ochenta, con la serie Miami Vice. Policías apáticos combatiendo al crimen organizado en las noches tropicales de una mega-ciudad. Música y colores, fluyendo, en escenas de eternas persecuciones. Mann cuidaba la estética. Y, en sus películas, siempre con un leve dejo de gusto mersa ochentoso, lo seguirá haciendo. Y el ritmo de las mismas respira como el de un ser vivo; a veces fuerte y vertiginoso, a veces suave y lento. Aunque en sus películas, como buen director acción que es, los buenos y malos están bien predeterminados, sus buenos son –como dijimos- apáticos, y los malos, no del todo malos. Lo cual haría pensar en Mann como un cineasta con cierta profundidad, con cierta inquietud existencial, pero, en realidad, no es para tanto; es sólo en función de la acción: darle carnadura a los personajes, hacerlos creíbles, para que la acción tenga más efecto.
Antecedentes de los personajes
En Manhunter –en plenos ochenta y en plena Miami-, Mann lleva los límites un poco más allá: el policía sufre una especie de identificación con el asesino. En Collateral también, pero ahora es el asesino el que va soltando supuestas verdades universales a la hora de matar. Curiosamente, este tipo de asesino nace en la versión posterior de Manhunter; en Silence of The Lambs.
Simetría con Heat.
Un policía y un delincuente. Se miran, se estudian; ‘te voy a cazar’, le dice el ‘poli’; ‘a ver si puedes’, le contesta el malhechor. Uno escapa y el otro persigue, pero se admiran mutuamente, reconocen algo de ellos mismos en el otro. Al final, el bueno atrapa al malo. Esto es Heat, y esto parece ser también Enemigos Públicos, pero no lo es.
‘1, 2, ultraviolento…
1, 2, …’, cantaba un grupo de rock argentino, allá por los ochenta, siendo probablemente sin quererlo, parodia del rock de origen. Hay un culto al violento en el mundo anglosajón, sobretodo en los EEUU, donde todo es más: más grande, más capitalista… más violento. La admiración al violento en la cultura estadounidense cumple un papel fundamental: el malo es violento, su violencia está dirigida contra el sistema, el policía necesita ser violento para eliminarlo. Lo admira, por su fuerza, pero el es más fuerte. En Estados Unidos pueden soportar a todo tipo de aberración humana, siempre que este ser sea violento; de lo contrario, mal asunto: si es alguien que no está del todo de acuerdo con el sistema sin ser violento, es, de seguro, un hippie porrero y, para peor, pacifista. No por nada parece estar peor visto, en EEUU, el consumo de marihuana que el de cocaína. Y, sino, preguntarle a Michael Phelps.
Perdona, ¿no eres Eduardo?
El duelo entre el policía y el roba-bancos, al igual que en Heat, está, pero no funciona de igual manera. Básicamente por una cosa: por Johnny Depp. ¿Michael Mann, hombre curtido en mil y un rodajes, no pudo preveer lo que iba a pasar con su película si lo ponía a Johnny ‘manos de tijeras’ Depp? Claro que sí; por eso lo puso. Porque es imposible que se lo tome en serio. Por eso lo poco trabajado de la relación romántica. Por eso lo intrascendente de su papel de roba-bancos social (volveremos sobre este punto). Por eso, cuando está enjaulado, y toca la escena de estudio mutuo con el representante de la ley –Christian Bale-, sus bravuconadas hacen reír.
Si si, soy yo: Batman
A pesar de no llevar el antifaz lo hemos reconocido: es el hombre-murciélago, es ‘Bale-man’. Uno lo ve y se pregunta: como puede ser que alguien que tiene la expresividad facial de un muñeco temerario de los setenta, sea el actor, o uno de los actores de moda de Hollywood. Bueno, quizá, justamente, por ese motivo: su cara de rigor, de hombre que domina sus emociones, de autosacrificio… de fanático. Ante las bravuconadas de Depp, Bale lo mira… calla; y se va. Todos sabemos lo que va a pasar, pero aparte tenemos la sensación de que no hay otra posibilidad.
Ahora se filma así
Hollywood es conservador. Las vanguardias, en teoría, no. Pero Hollywood se nutre de estas; siempre. Más en lo que respecta a formas (después de todo las vanguardias no suelen ir mucho más allá de las mismas, y así lo pregonan). Dogma 95 no fue la excepción: desde su manifiesto y primeras películas, impuso el filmar cámara en mano. Da la sensación de moderno, de subjetividad y, por sobre todas las cosas, y eso es lo que más interesó a la Gran Industria, de confusión y mareo: poco importa filmar bien, o que la historia sea creíble, ‘a mover la cámara’, que da vértigo, y que queda ‘super-guay’. Y, lo más importante, al requerir poco cuidado estético y al hacer que los efectos digitales no se noten (así lo creen, aparentemente), la película se hace en un plis-plas y por dos duros. Lo cual, amén del mayor margen de ganancia, permite el poder sacar una ‘peli’ cuando se quiera, cuando los tiempos lo requieran (volveremos sobre este punto) Mann, hasta ahora, se mantenía al margen de este tipo de novedades; pero se modernizó.
Y por fin: la ‘peli’
Mann tenía, a la hora de filmar, tres méritos: el trabajo de los personajes, el cuidado estético y, el más importante, el ritmo de la acción. Los dos primeros están en función de este último.
El trabajo de los personajes: Bale, y sus compañeros venidos de Texas (volveremos sobre este punto), son, como el teniente Castillo y el personaje que hacía Don Johnson en Miami Vice: policías apáticos, nihilistas, casi existencialistas; esa es la impresión que dan, y no es más que eso: parte de la estética, del clima de la película, que Mann suele hacer funcionar de maravilla. Pero si en filmes anteriores esa apatía le daba pie a Mann para cierta aparente ambigüedad moral, aquí significa otra cosa… algo así como la tranquilidad del fuerte. Y, realmente, está muy logrado. Como lograda está la casi ridícula –no podía ser de otra manera- actuación de Depp. Creemos que no hay dudas al respecto: es el efecto buscado.
El cuidado estético: Ya vimos que parece no haberlo. Por las razones aducidas al manejo de la cámara, al uso de lo digital, etc.
El ritmo de la acción: Al no estar Depp a la altura de su personaje, al no haber climas suficientemente trabajados, el mismo se reciente mucho. Salvo al final, quizá, en el que Mann logra fluir, lentamente, como en sus mejores momentos, a través de dos paradojas (la segunda, real) dignas de Borges: La primera, Dillinger entrando al departamento de policía, a la sección que está a cargo de ‘cazarlo’, se pasea, ve su propia fotografías, la única que aún no dice ‘deceased’, se mira fijamente a los ojos, gira, da unos pasos, unos policías están escuchando un partido de ‘baseball’, Depp les pregunta cómo van, ellos le responden, el se va. La segunda paradoja, que es continuación de la primera, porque está dentro del mismo ritmo, pausado y lento: Depp va al cine, con las prostitutas, va a ver (como bien adivinó el ‘poli’ texano) la de gangsters, en la que Clark Gable, en su papel de malhechor, anuncia el final de Depp: Gable, sabiéndose acorralado, exclama (como De Niro en Heat) que no volverá a la cárcel, que prefiere morir como vivió; Deppinger siente esas palabras como suyas, sin saber que el también está acorralado y que a la salida del cine lo van a matar.
Volvemos sobre aquellos puntos
En los ambientes artísticos suele decirse que el arte no tiene fin; que su único fin es el placer estético; que cualquier intento, tanto de parte del autor como de la crítica, por ir más allá, es ensuciarlo. No es verdad que el arte sea puramente estético. Y, segundo, si lo no estético tiene un papel fundamental en la obra, es imposible obviarlo en la crítica.
En tres oportunidades dijimos ‘volveremos sobre este punto’: Primera, cuando hablamos de la poca empatía que genera Depp y de su repercusión como justiciero social. Segunda, respecto al filmar barato y fácil, lo que permite poner una película en cartelera cuando las circunstancias lo requieran. Tercera, y aquí queremos ir más despacio, fluir, como Mann cuando la cosa se torna caliente: cuando aparecen los compañeros texanos de Bale:
Así como no es casual que con la problemática del petróleo en Medio Oriente, salga There Will Be Blood –película que sí tardó en rodarse justamente porque sí tiene cuidado estético-, tampoco es casual que después de la crisis financiera Mann salga con Enemigos Públicos: Depp –y, seguramente el propio Dillinger-, como justiciero social, hace que nos pongamos de parte de los bancos. Mann no se mete mucho con este tema (como tampoco se metió mucho con la militancia de Alí en la película Alí), sólo le basta ponerlo a Depp para que todo quede claro.
Bale, y su jefe, Hoover, están cortos de hombres y de tecnología para combatir al crimen. Entonces, así como en Batman Bale dispuso de una fábrica militar herencia de su familia aristocrática, en Enemigos… dispondrá –superados los impedimentos burocráticos- de toda la tecnología de avanzada; y, de unos tipos muy especiales… Mann, como auténtico hombre de cine que es, sabe hablar con imágenes: cuando Bale pide hombres, Hoover hace unas llamadas, a Ohio, a Texas. Nosotros no escuchamos las llamadas; no hace falta: llega un tren, unos tipos con sobretodos oscuros y sombreros inmensos, de aspecto muy rudo y circunspecto, se bajan. Son los texanos. No hablan, caminan, hasta encontrarse con Bale, que los estaba esperando. De inmediato se ponen al servicio de este, pero el jefe de ellos, el más rubio, casi albino, será el que tome las decisiones clave en todo momento, y quien primero dispare sobre Depp en el momento de matarlo. Él será también el protagonista de la mejor escena de acción de la película: cuando cercan a Dillinger y a ‘Babe Face’ en una hostería en medio del monte; Dillinger y uno de sus compañeros se escapan, los texanos salen en su búsqueda, en medio del bosque y de la noche. La cámara le da a la escena una sensación de sobrenaturalidad: el albino parece brillar, flotando entre los árboles; Depp, le dispara, con su ‘Thompson’ de ciudad que suena a juguete pero, misteriosamente, aquel desaparece, se esconde, no sin antes herir de muerte, con un escopetazo único, que suena a trueno bíblico, que hace temblar la tierra y que nos hiela la sangre, al compañero de Depp, quien, misteriosamente, antes del cerco, había tenido la premonición de morir.
Texas es el símbolo del fanatismo estadounidense. Su núcleo más retrógrado y el centro petrolero que inició la guerra en Irak. Cazaron negros, ‘gangsters’… en la actualidad cazan en Medio Oriente.
Y, a propósito, las torturas… Capturan a uno de los hombres de Dillinger, está en el hospital, mal herido, entubado, uno de los hombres de Bale empieza a golpearlo, para que delate a sus compañeros, mientras Bale, fuera de habitación, mira para otro lado, contenido, aunque no sabemos exactamente qué contiene. Y la paliza a la novia de Dillinger, con el mismo fin: ‘Para obtener información’. En esta escena Bale llega tarde: el gordo nervioso -que le tiene miedo al famoso roba-bancos-, el ‘poli’ malo, se excede: le llega a pegar con el código penal de Chicago, que se ve es pesado. Pero Bale, el ‘poli’ bueno evita que pase a mayores y, como la chica no puede levantarse de la silla –por los nervios, por la paliza-, él la lleva en andas al baño, para que se lave. Cualquier parecido con la realidad, con la problemática de las torturas por parte de soldados estadounidenses en Medio Oriente, es pura…
“No importa de dónde venimos, sino hacia dónde vamos”, le dice Dillinger a su reciente y acomplejada novia, que tiene sangre india y francesa. Ella irá a la cárcel. Él no irá a Cuba, cómo extrañamente le preguntan en dos oportunidades, quizá por verlo disfrazado de caribeño (¿Mann que no pudo resistir su famosa estética tropical?), quizá porque conocían su afición por los burdeles y, a Cuba, hasta la revolución, siempre se la conoció como ‘el burdel de los EEUU’; ‘Cuba está demasiado cerca’, contesta Deppinger, porque era verdad; y porque muy probablemente en poco tiempo lo vuelva a ser. También el texano- albino, al igual que Bale antes, mostrará que es capaz de humanidad: Depp agoniza en la acera, quiere decirle, antes de morir, algo a su ejecutor: este se acerca, aquel le murmura algo al oído, vemos el ojo derecho del albino que se abre –con esa inexpresividad incolora que nos hace recordar a la blancura de Moby Dick y al significado que Melville da de ella-, el corazón de ‘Deppinger’ se detiene. Bale le pregunta qué ha dicho, el texano dice que nada. En la siguiente escena cumple su secreta misión: lo vemos con la chica, con la medio india, mesa de por medio, en una sala blanca y antiséptica de la prisión donde esta cumple condena, ‘Dillinger me pidió que te dijera “By by Black Bird” (“Adios, pájaro negro”)’.
‘I WANT YOU for U.S. Army’… decían los carteles de propaganda bélica cuando la Segunda Guerra Mundial. Michael Mann: por su talento y oficio, prometía una gran película de acción, por su sentido del deber e instinto de supervivencia, hizo Enemigos Públicos.
Año: 1987 Nombres en español: "Perseguido" o "El Sobreviviente" Director: Paul Michael Glaser Actores: Arnold Schwarzenegger, María Conchita Alonso, Jesse Ventura.
Futuro distópico para el gran Arnold. Es el año 2017 y Estados Unidos ha colapsado. Un gobierno fuerte reprime todo lo que puede, desde la cultura hasta manifestaciones de enojados desempleados. Cyberpunk, distopía, el poder de los medios de comunicación, totalitarismo, avaricia, rebeldía, reality shows, y muy buenos momentos. Pasen y vean.
Arnold es Ben Richards, un policía, pero de los buenos. La película comienza cuando Ben se niega a dispararle a una multitud hambrienta, por lo que es relevado del mando y arrestado. La multitud es asesinada al estilo Masacre de Amristar, y Ben es culpado del suceso. Una vez en prisión (una prisión futurista en la que si los presos pasan un perímetro les explota la cabeza) Ben logra escapar con un par de amigos, da unas vueltas por la ciudad tratando de demostrar su inocencia, se encuentra con un grupo de la Resistencia, conoce a una chica llamada Amber Méndez, que lo reconoce y no le cree, y cae nuevamente en las redes del Estado policial. Una vez allí es contactado por el conductor del programa más famoso de la televisión: Running Man.
Recordemos que la película es de 1987. En la misma línea de denuncia de películas como “Network” o “Videodrome”, aquí la televisión es nuevamente enjuiciada. Tal vez a muchos en su momento podría haberles parecido exagerado: Running Man se trata de un programa en el que algunos convictos son obligados a huir, mientras unos cazadores intentan capturarlos para darles muerte ante millones de telespectadores que miran el show en directo. Lo bueno de ver la película hoy es que este reality show parece aún más realista que el día de su estreno. Hagamos una breve consideración: la existencia de cazadores y de muertes televisadas en una película ambientada en el futuro, puede hacerle pensar a alguien en la película italiana de 1965 “La Decima Vittima”, dirigida por Elio Petri, y protagonizada por Marcello Mastroianni y Ursula Andress. Aclaremos (por las dudas) que las dos películas son totalmente distintas.
Arnold Schwarzenegger a punto de entrar al show
Prosigamos: Ben, por supuesto, no quiere participar del show, pero las circunstancias lo obligan a participar (como ya lo sabía Joseph Campbell, un verdadero héroe siempre se ve obligado a actuar), y no sólo a él, sino también a sus amigos. Entre estos amigos, todos lo habrán pensado, también está Amber, que finalmente se ha convencido de que la televisión miente, y Ben es inocente.
Ahora bien, veremos que la película puede verse en dos niveles. A un nivel, digamos, simple, atendiendo al guión, la película es de lo más normal, y de lo menos interesante. Ben irá derrotando a los cazadores, se enamorará de la chica, e intentará (con un grupo de la Resistencia) enlazar el satélite que transmite el programa para dar a los televidentes la verdadera versión de la masacre de la que es acusado. La película, en fin, peca de la ingenuidad (típica de películas de este estilo) de creer que sólo por demostrar la falsedad de algo, o la verdad de otra cosa, la batalla ya se gana, como si el pueblo que detesta a Ben cambiara su opinión en unos segundos, y una vez liberado de una falsa conciencia, pudiera comprender que la televisión está siendo utilizada por un Estado opresor, y pudiera finalmente liberarse (simplemente por quererlo) de las cadenas que lo atan. En el mundo real, el poder de un Estado y de sus medios de comunicación, y la conciencia de un pueblo de ser oprimido, suelen ser asuntos mucho más difíciles de tratar. Así vemos que un miembro de la Resistencia le dice a Ben que lo que quieren es transmitir “la verdad”; Ben responde que “la verdad no ha sido muy popular últimamente”. Lo que nunca se pone en juicio es la capacidad de un telespectador para reconocer (o no) lo que es “la verdad”, y el hecho de que sería difícil transmitir “la verdad” por el mismo medio que continuamente miente y manipula. Ejemplifiquemos: si una persona ve por televisión que Ben es asesinado (sólo nosotros podemos saber que estas imágenes fueron construidas por computadora), y acto seguido ve imágenes de la masacre que demuestran que Ben es inocente, ¿por qué va a creer una escena y no otra? ¿Cómo sabría, entre dos versiones, con cuál quedarse?
El conductor de Running Man
Del otro lado, la película puede verse (a mi juicio personal) como una verdadera maravilla. El mero hecho de que exista una película donde se reconoce que la propia sociedad puede transformarse en el futuro en una sociedad totalitaria, implica la idea de que ese totalitarismo ya existe en germen o en potencia. De esa simple idea, a ver una película sobre un futuro distópico como una crítica social (aún una que puede pretenderse como puro entretenimiento) sólo hay un paso. La película juega además con varias ideas asociadas a uno de mis géneros preferidos: el cyberpunk. Si bien la ausencia de un Estado fuerte (mi tópico preferido del género cyberpunk, en tanto demuestra el futuro que puede esperar a un mundo que se desarrolla por la vía neoliberal) no se ve en esta película, sí puede verse el poder que los medios tienen para transformar la realidad o, en la escena en que se muestra el asesinato de Ben (construida, repetimos, por computadora), directamente para crearla, en una confusión típica del cyberpunk entre realidad y realidad virtual. Además, aunque el Estado sigue siendo fuerte, el poder de las corporaciones (en esto caso la cadena televisiva) demuestra otro de los aciertos del género: el poder privado es el que causa los problemas del protagonista, y es contra este poder (basado en la corrupción y la mentira, como todo poder privado) contra el que se vuelve. Finalmente, tampoco faltan los conocimientos informáticos entre quienes luchan contra el poder, ni la atmósfera opresiva de una urbe destruida y decadente (aunque en este caso, todo hay que decirlo, solo en el set de televisión en el que se desarrolla el programa). En fin, sin ser la película cyberpunk por excelencia, tiene muchos elementos por los que puede ser vista como un clásico del género.
Los Rebeldes y el Señor Spock
Terminemos con dos grandes momentos. La primera tiene que ver con la frase clásica de las películas de Arnold desde su participación en “Terminator”: en el momento de ser arrojado al set televisivo, se explaya con un rotundo “I’ll be back”, a lo que el conductor responde algo que podemos entender como “sólo cuando repitamos el programa”. La segunda demuestra la fuerte relación entre la censura, la ignorancia, y un mundo que no merece ser vivido. En el momento cumbre, un miembro de la Resistencia le dice a un joven camarada: “Señor Spock, tiene el mando”, a lo que el joven responde “¿Quién es el señor Spock?” Evidentemente, un mundo sin el señor Spock es un mundo que no merece ser vivido.
Hace un tiempo hicimos el análisis de “Los Dioses Deben Estar Locos”, aquella entrañable y sensacional comedia sudafricana de 1980 donde el protagonista es Xi, un bosquimano que intenta deshacerse de una botella de Coca Cola que causa la discordia en su estereotipada comunidad de “nobles salvajes”. Xi era entonces interpretado por un verdadero bosquimano de Namibia, un campesino devenido en actor llamado Gcao Coma o G!kau en su idioma ungwatsi (un error tipográfico en los créditos hizo que fuera mundialmente conocido como “N!xau”, imaginen que en una película se ponga mal el apellido Schwarzenegger el escándalo que habría ).
N!xau nació en la región del Kalahari, Namibia en alguna fecha alrededor de 1944 (no se llevan registros en dicha región, por lo tanto no hay datos concretos aunque en varias páginas se de una fecha simbólica:16 de diciembre del 44’). Es bueno aclarar que el término bosquimano fue originado por los colonizadores blancos metiendo en la misma bolsa a muchos pueblos diferentes, por eso es necesario decir que N!xau era de la etnia “San”. En la película nuestro héroe simboliza al “buen salvaje”, a la naturaleza, a la sencillez en contraposición con la tecnología y la complejidad de las grandes ciudades. Es una forma de estereotipar también, aunque románticamente, y eso hizo que se mezclara al hombre con el personaje. Si leemos sobre la forma en que el director Jaime Uys conoció a nuestro héroe hay dos versiones: la simpática es que “lo vio correr libre por el desierto”, y la otra es que era “custodio”. Entre tanto copiar y pegar que encontré en distintas páginas, casi todos dan por hecho una leyenda que dice que por hacer esa película ganó 300 dólares que tiró o dejó “llevar al viento” porque no le veía ninguna utilidad, por lo que se le terminó pagando en especie. Digamos que estamos ante un prejuicio o nuestro héroe, ningún idiota, aprendió el significado del dinero. Porque para la secuela de “Los Dioses Deben Estar Locos”, filmada en 1985 y lanzada cuatro años después, pidió el equivalente a 80.000 dólares, con los cuales se compró una granja con energía eléctrica y agua potable en Tsumkwe, Namibia (algo no tan simple en dicha región). Participó en 5 películas en total, que son la más famosa Los Dioses Deben Estar Locos y 4 de sus secuelas (las últimas filmadas en Hong Kong y China y casi inaccesibles para el público occidental).
Luego de las secuelas orientales que fracasaron rotundamente y pasaron desapercibidas para el mundo, decidió retirarse a su granja, donde cultivó bananas, maíz y también tuvo cabezas de ganado. Lejos de la actuación, murió el 1° de julio del año 2003 a causa de tuberculosis con alrededor de 59 años. Según la noticia de la época, su cuerpo fue encontrado en el bosque ya que murió mientras estaba cazando “gallinas de Guinea”, una apetitosa ave de la zona.
Por cierto, en Facebook, descubrimos que en el lejano oriente hay algunos que recuerdan su paso: 我愛歷蘇. Y no es para menos. En "Fei zhou he shang" o "Crazy Safari" de 1991, que sería la tercera parte de Los Dioses Deben Estar Locos, nuestro héroe se transforma por un rato en... ¡¡Bruce Lee!!.
Nuestro homenaje a este particular personaje que el cine nos regaló. Nunca te olvidaremos, G!kau.
Año: 1974 Nombres original: Zardoz Director: John Boorman Actores: Sean Connery, Charlotte Rampling, Sara Kestelman, John Alderton
Si tengo que hacer un ranking de las películas más raras que haya visto, sin dudas Zardoz estaría peleando los primeros puestos. La única explicación que se le puede encontrar al estilo visual y ambientación que tiene, es la influencia de las culturas psicodélica y hippie todavía contemporáneas de la primera mitad de los 70’s. Si fue injustamente criticada, objeto de burlas y sepultada en el olvido tiene que ser por centrar la mirada en su aspecto lisérgico y no por su esencia. Esa es la cuestión de Zardoz, tener un aspecto absurdo y en el fondo ser un sorprendente film de ciencia ficción repleta de filosofía y dilemas humanos. El problema entonces es… ¿quien va a fijarse en las interesantísimas y complejas reflexiones de la película cuando vemos a Sean Connery en una sunga roja sostenida por unos tiradores, botas altas y una absurda trenza?
El responsable de todo es John Boorman, que escribió, produjo y dirigió esta película con un magro presupuesto. John tendría mejor suerte con Excalibur de 1981 luego de pasar por el infierno con la segunda parte de El Exorcista en 1977. La historia de Zardoz se puede incluir en la ciencia ficción con futuros distópicos aunque con elementos totalmente novedosos y extraños. Su slogan publicitario jugaba con otras películas de ciencia ficción “Mas allá de 1984, Mas allá de 2001, Mas allá del amor, Mas allá de la muerte”, y es que se la juega por un futuro bastante mas lejano hacia el año 2293. Comienza de manera tan rara como el resto del film. La cabeza de un personaje (jugando justamente con la idea de la cabeza flotante que veremos luego) nos introduce de esta manera: “Me llamo Arthur Frayn, y soy Zardoz. He vivido 300 años, y anhelo morir, pero la muerte ya no es posible. Soy inmortal. (…)En esta fábula, soy falso dios de profesión y mago por vocación…” Todo esto lo iremos entendiendo luego de forma progresiva, con mucha paciencia y a través de los flashback de Zed (Sean Connery).
El último grito de la moda en el futuro
En este futuro, el mundo esta socialmente dividido en dos partes totalmente separadas. Una es sinónimo de caos, destrucción, violencia, pobreza, enfermedad y muerte. La otra son unos pocos privilegiados. Estos últimos viven en unos “campos magnéticos” (por describirlos de una manera) denominados “Vortex”. Allí no existe nada de lo anteriormente descrito, ni siquiera la muerte.
En los Vortex la gente se mantiene en paz y armonía sin envejecer, a menos claro que infrinja alguna regla y ahí se le acumularán más años según la gravedad del hecho. Igualmente nunca mueren, una dura condena puede llevar a la ancianidad con todos los problemas físicos y mentales que eso implica pero nunca hasta la muerte, convirtiéndolo en una eterna agonía. En esta armónica comunidad y al no existir la muerte, para mantener el equilibro tampoco hay reproducción (lo cual hizo perder la práctica del sexo). Una cuestión interesante de esta sociedad es que lejos está de la tecnología futurista que imaginamos, sino que ha tenido una evolución psíquica mientras culturalmente parecen haberse quedado en el tiempo viviendo como una comunidad que de entrada nos resultará inevitablemente “hippie”. Mentalmente la comunidad está de alguna manera unida entre sí a través de un complejo y confuso sistema que no viene al caso. Es por eso que alguien que piense lo que no debe o tenga un “aura negativa”, puede ser también castigado. Claro que en un lugar donde no existe la muerte todo se vuelve muy rutinario y monótono.
Metáfora
Para comprender esa sociedad privilegiada hay que ir a su génesis. Mientras el mundo se convertía en un caos, los personajes mas ricos y los científicos mas inteligentes decidieron aislarse en su propio mundo. Dejando al resto de la población abandonada a su suerte, vivieron en su propio oasis durante casi 300 años en un equilibrio perfecto.
Lejos de esta sociedad inmortal, atravesando el campo magnético de los Vortex, todo es diferente. En condiciones deplorables, no solo está la población sobreviviente que vive en la miseria y el caos. Están también los “exterminadores” de los sobrevivientes que rinden culto al dios Zardoz. Este dios es una cabeza flotante de piedra que conoceremos desde un principio volando por el cielo majestuosamente. Este dios de piedra aterriza y abastece de todo tipo de armas de fuego mientras vocifera: “Zardoz les habla a ustedes, los elegidos. Los ha segregado de la brutalidad para matar a los salvajes, que se multiplican y se cuentan por legiones. Para este fin, Zardoz, su dios, les ha otorgado las armas. Las armas son buenas. Las armas son buenas. El pene es maligno. El pene dispara semillas y crea vida, que contamina la tierra con una plaga de hombres, como ya ocurrió una vez. Las armas disparan muerte y purifican la tierra de la escoria de los salvajes. Vayan y maten. Zardoz ha hablado.” Los exterminadores cumplen la orden, van por la tierra asesinando sin piedad a los seres humanos que todavía sobreviven fuera de los Vortex. Uno de estos “purificadores” de Zardoz es Zed, el protagonista de la historia. Este personaje tan particular despertará en la cabeza de piedra y llegará al mismísimo Vortex por razones que progresivamente se irán develando.
Revelación
No quiero seguir hablando del argumento para no arruinarle la película a nadie que todavía no la haya visto (créanme que cualquier cinéfilo amante de la ciencia ficción debe verla para morir con la conciencia tranquila), así que voy a comentar algunas cuestiones generales. A quienes gusten de filosofía y literatura, van a encontrar (si logran despejar la mente de la hipnótica sunga roja de Connery, claro) referencias explícitas o implícitas geniales. La obra “El mago de Oz” de L. Frank Baum tiene una importancia capital en la película, no solo por el título mismo sino también por su contenido. Nietzsche es otra referencia importante, no solamente porque se lo cita abiertamente en cierto momento sino por el concepto nietzchiano de la “muerte de Dios” y la relación entre Zed y Zardoz. El dilema de la inmortalidad está bien retratado, con una sociedad que aparenta ser perfecta en su eterno y monótono equilibrio pero íntimamente desea poder morir. Nos recuerda al cuento “El inmortal” de Borges cuando el protagonista conoce la historia de aquellos trogloditas inmortales que encuentra viviendo en condiciones deplorables. En ambos casos la inmortalidad es retratada como un cambio contra natura que no puede llevar a nada positivo al género humano. Podemos seguir escarbando y decir que Zed es un revolucionario creado por el mismo sistema que debe destruir, un sistema que debe cambiar su economía de subsistencia a un modo de producción esclavista para sobrevivir. O que la literatura lleva a Zed a ampliar su percepción de la realidad y buscar cuestionar la “verdad” que se le es impuesta a través de la religión. Podría seguir enumerando cuestiones interesantes que yacen bajo el extraño aspecto de esta película, pero luego veo las críticas, los puntajes y las burlas que ha recibido dicho film y me siento un bicho raro por haber amado Zardoz.
Zardoz es un "viaje" de ida
Catalogada siempre como una película “bizarra”, ridícula, etc… yo considero Zardoz una verdadera joya de la ciencia ficción. Algo distinto a todo lo que hayamos visto, y eso siempre debe agradecerse. En esta época donde estamos acostumbrados a reciclar, deglutir, vomitar y volver a reciclar ideas exprimiéndolas hasta el hartazgo, una película de los 70’s nos da el ejemplo de las ilimitadas posibilidades que puede tener el cine tanto a nivel visual como argumental. Obviamente que ver a Sean Connery así nos causa gracia, la psicodelia abruma y los efectos son del cine clase B. Después de ver la película uno siente que tuvo un “viaje” lisérgico y sin haber consumido más que una gaseosa. Pero quienes logramos correr esa cortina y ver más allá, encontramos un complejo e inteligente film. El que logra sumergirse en el mundo de Zardoz desde esa perspectiva llega a la esencia de esta extraña joya del cine.
Nuestra nueva sección Héroes Olvidados sirve como homenaje a aquellos personajes entrañables del cine que tuvieron en algún pasado remoto sus gloriosos segundos de fama y luego desaparecieron del ambiente sin dejar rastro alguno. Nunca mejor aplicado a nuestro primer héroe, a quien siempre recordamos como en la foto de arriba como si el tiempo no hubiese pasado.
Y es que todos lo recordamos en “Indiana Jones y el Tempo de la Perdición” (1984) como aquel pequeño e insoportable ayudante de Indy en sus aventuras contra los estereotipados e inhumanos hindúes. En aquella película de Spielberg (para nosotros la mas floja de la saga junto a la cuarta entrega), nuestro héroe es un niño taxista que Indy conoce en Shangai y que todos conoceremos como “Short Round” o, en las versiones en nuestro idioma, como “Tapón” o “Rapaz”. Todos recordamos a nuestro querido Tapón, junto con Indy y la insufrible rubia que lo acompaña, viajando en un carrito minero en una escena memorable.
Ahora que ya lo tenemos ubicado, vamos al principio de todo. Nuestro héroe es vietnamita y nació en Saigón en el año 1971, o sea en plena guerra, y con el nombre Ke Huy-Quan. La información que encontramos es que con la caída de la capital a manos de los comunistas, su familia pidió asilo político y emigraron hacia la tierra de los amigos estadounidenses que tan simpáticas huellas dejaron en su país. Allí estudió “artes cinematográficas”, título con el que finalmente se recibió. A los 13 años debutaba ante las cámaras nada más y nada menos que junto a Indiana Jones en la secuela del famoso arqueólogo.
Ahora unas anécdotas interesantes. El que fue al casting para hacer ese papel fue su hermano, Jonathan solo lo acompañó y finalmente terminó consiguiéndolo él (lo que se dice, un mal hermano). Para actuar en dicha película tuvo que aprender artes marciales, y lo hizo con gusto puesto que su ídolo era Jackie Chan (ya ultra conocido en el lejano Oriente, descubierto recién en los 90’s en Occidente). Pero mas interesante que todo esto, es que durante la filmación, cuando telefoneaba a la madre, se refería a George Lucas y a Steven Spielberg como “bearded man 1” y “bearded man 2” (barbudo 1 y barbudo 2). El niño estrella fue convocado nuevamente por Spielberg al año siguiente para trabajar en la entrañable “The Goonies”, donde hizo el papel de “Data”. Ahora bien, sabemos que la fama no dura para siempre. Luego de ese doblete de éxitos casi desapareció. Tuvo algunos papeles en algunas series (la mas importante “Head of the Class” y un solo episodio de “Tales from the Crypt” de 1991), alguna que otra película china o algún papel secundario. Su único protagónico en los 90’s fue en la película de artes marciales “Breathing Fire” (1991) de la que poco sabemos. Recién en 2002 tuvo otro protagónico en una película hongkonesa “Mou han fou wut” o “Second Time Around”.
¿Es que al bueno de Tapón le fue mal? No, no se asusten, nuestro amigo se dedicó de lleno a las artes marciales, especialmente al Taekwondo, pero no por eso dejó la comodidad de Hollywood. Se dedica entonces a coordinar las coreografías de lucha de las películas. Es eso lo que hizo tanto en X-Men (2000) como en la horrible The One (2001). Ahí en la parte técnica es donde lo encontraremos, asesorando sobre golpes y patadas. Lejos quedaron las aventuras con Indy.
Autor: Diego Curubeto Año: 1998 Editorial: Sudamericana
A ver, cómo es esto de empezar las reseñas sobre libros en Octavo Sentido con la segunda parte de un libro. Bueno, a “Babilonia Gaucha”, la primera parte, no lo pude conseguir (no lo busqué demasiado, me bastó saber que otros no lo han podido conseguir) y “Babilonia Gaucha ataca de nuevo” es un libro que puede leerse sólo. Aunque muchos me digan que la primera parte es mejor, no me arrepiento de haber pasado una tarde leyendo esta joya.
Aclaración: el libro fue publicado en 1998. Sabrán todos que en Octavo Sentido vivimos fuera del tiempo, y comentamos películas viejas a la par de películas nuevas. La cartelera ni la conocemos. Con los libros haremos lo mismo, tomando como nuestro el lema de que no por ser novedoso, algo tiene que ser mejor.
Diego Curubeto es conocido por ser un crítico de cine con una afición (lamentablemente) peculiar: el gusto por las películas clase b, o clase z, o eso que a falta de algo mejor se denomina (como él mismo lo llama en alguno de sus libros) cine bizarro (a mí, como a tantos, no me gusta ese slogan, que ya se aplica a cualquier cosa que parezca rara, pero para entenderse está bien). La erudición de Curubeto en estos temas puede implicarle algunas confusiones a los (por ahora) profanos. Demos un ejemplo: hablando de Jean Jacques Annaud, Curubeto dice que sus películas siempre son poco convencionales, y da el ejemplo de “La guerra del fuego”, que trataba, según Curubeto, sobre “el descubrimiento del fuego por unos cavernícolas que nunca se encontraban con dinosaurios”. Cualquier persona con un mínimo conocimiento histórico sabrá que no es raro que un cavernícola no se encuentre con un dinosaurio, pues nunca convivieron. Pero cualquier conocedor del cine clase b, sabrá que la convención dicta que las películas sobre cavernícolas tienen dinosaurios, y que muchas veces los bichos son los astros de la película.
Curubeto es autor de los dos tomos de “Babilonia Gaucha”, de “Cine de Super Acción, Cine clásico y de culto en la tv argentina entre 1963 y 1991” (con Fernando Martín Peña), y de “Cine bizarro: 100 años de películas de terror, sexo y violencia” (del que esperamos hablar próximamente.) Además, tiene una película documental (que no he visto) sobre la coca Sarli. Lo presento sólo porque es el autor del libro; cualquiera puede averiguar más de él buscando en internet. Hablemos del libro. Ante todo, y antes que me olvide: es excelente, y nadie perderá su tiempo leyéndolo. Que esta reseña sólo sirva para que quien la lea quiera adentrarse en el libro.
Babilonia Gaucha: el excelente nombre no nos dice demasiado. El libro trata, básicamente, de las relaciones de Argentina (o de argentinos) con la meca del cine. Argentinos que trabajaron en Hollywood, o producciones de Hollywood que se relacionaron con Argentina. En esta segunda parte, los diferentes artículos versan sobre argentinos que triunfaron en la época de oro del cine del norte, sobre Siete años en el Tibet, sobre la Evita de Alan Parker, sobre Robert Duvall, sobre Wong Kar Wai y la maravillosa Happy Together, sobre Ingrid Pitt (destacada por Curubeto, y por ella misma, como vampira y peronista), y sobre varias cosas más. Vayamos por parte.
Hablemos brevemente: no quiero que nadie pierda el sabor de leerlo. Los que a mi juicio son los mejores capítulos del libro, son aquellos que hablan de la carrera de argentinos que lograron conquistar su lugar en Hollywood (no porque los otros capítulos sean peores, sino porque en los otros capítulos abundan los Brad Pitt, los Jean Jaques Annaud, los Alan Parker, y otros tantos insoportables) El libro abre con la historia de Alfredo Carlos Birabén, quien hizo carrera en el norte bajo el seudónimo de Barry Norton. El hombre logró sus mejores triunfos en la época del cine mudo; lo logró por lindo, y cuando llegó el sonoro y se le notó el acento, empezó su caída. Entre otros, trabajó con Frank Capra, John Ford, Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Cecil B. de Mille, y hasta participó de Casablanca. Por supuesto, muchas de sus actuaciones fueron pequeños papeles. También trabajó en una película sobre un circo, con su amigo Friedrich Wilhelm Murnau: “Four Devils”, que a pesar de ser una película perdida que nadie ha visto cotiza 7.5 en imdb. Si era sobre un circo y dirigida por Murnau, yo les diría a todos que miren la película de Woody Allen “Sombras y Niebla”, por ahí al menos quitan la melancolía de saber que la de Murnau se perdió. Norton también filmó algunas películas clase b, entre ellas una sobre la guerra en el chaco paraguayo que no desaprovecharía mirar si pudiera: “Storm over the Andes”, de 1935.
A continuación viene la historia de Fernando Lamas, el papá de El Renegado. Lo más interesante: una bofetada en público a quien entonces era su chica, Lana Turner, la transformó en su enemiga y provocó que culpa de Lana a Fernando no le dieran papeles en películas como “Ben Hur” y “South Pacific”. Si es cierta o no la anécdota no importa demasiado: sólo demuestra que su carrera no es de lo más interesante. Filmó películas como “Jívaro” (1954) y la versión de 1960 de “El Mundo Perdido”, y terminó convertido en ministro de una secta cristiana llamada Religious Science. Demos vuelta la página. Paul Elis, Mona Maris, Carlos Thompson, Alberto de Mendoza, Jorge Rigaud, Alejandro Rey, Linda Cristal, Norma Aleandro, Jorge Porcel, Eugenio Zanetti, Alejandro Agresti, Juan José Campanella (antes de su nominación al oscar), y algunas otras anécdotas sobre argentinos, complementan otros capítulos, que repito, son los más interesantes. Diez años no pasaron en vano: por suerte no hay nada sobre Santaolalla. Sí hay un capítulo dedicado a Lalo Schifrin, bastante interesante; y otro en el que Robert Duvall demuestra ser la persona más inteligente (tal vez junto con John Sayles) de las que aparecen en el libro. No sólo dice cosas interesantes sobre sus películas; también demuestra conocer las paradojas del peronismo, y critica a los argentinos por su actitud de mirar a los latinoamericanos desde arriba. No podíamos esperar menos de una de las pocas eminencias que se atrevió a decir la verdad desde el principio: “El Padrino III” es notablemente inferior a las anteriores (Curubeto se limita a afirmar que es “la parte más floja”.)
Dos superproducciones se filmaron en la Argentina tiempo antes de la publicación del libro de Curubeto: ambos están en la memoria colectiva de todos. “Siete años en el Tíbet”, con el inexplicablemente sobrevalorado Brad Pitt, quien demostró su sabiduría artística con frases como: “los fósforos argentinos son muy malos, se rompen cuando los vas a encender, es un país con productos de muy mala calidad”. Uno se pregunta si algún neoliberal no le tiró la letra, pero no, Brad es así. Siempre. El capítulo dedicado a la filmación de la película es particularmente interesante por mostrar la idiotez de los personajes involucrados en la filmación (aclaro que Curubeto se limita a demostrar los hechos, la conclusión de que son idiotas es toda mía). Como todos saben, o deberían saber si están por ver la película, “Siete años en el Tibet” se basa en la vida de Heinrich Harrer, un montañista austríaco que antes de viajar al Tibet fue miembro de las SS. Su pasado se dio a conocer al gran público en la etapa de posproducción de la película, y quienes se encargaron de filmarla dijeron no saber nada al respecto. Lo cual, simple, lisa, y llanamente, demuestra su idiotez. Un austríaco en el Tibet es carne para cualquier historiador; con un par de preguntas lo podrían haber averiguado, pero se encargaron de no hacerlo. Jean Jacques Annaud también hizo declaraciones muy interesantes sobre el Tibet: “Es lógico que el Tibet tenga un lugar en la mitología occidental. Es un país misterioso, bizarro, donde un pueblo logró vivir pacíficamente como en casi ningún otro lugar del mundo”. Pues yo le diría a Annaud que menos preguntas al Dalai Lama o a Richard Gere, y un poco más de historia, no le vendrían nada mal. Pero sé que no puedo pedirle eso al hombre que se encargó de dirigir la muerte de Bernardo Gui cuatro años antes de su muerte real en la horrible versión cinematográfica de “El Nombre de la Rosa”.
Ahora, Alan Parker y Madonna. Las anécdotas en torno al rodaje de la película sobre Evita y sobre lo que los medios vivían esos días son muy graciosas. No mucho puede agregarse a lo que todos sabemos de la película. Basada en la obra musical de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, obra que a su vez (aunque Curubeto no lo dice, José Pablo Feinmann, guionista de la película sobre Evita que se filmó en Argentina, se encarga de recordarlo cada vez que puede) estaba basado en el libro súper gorila de Mary Main, “The woman with the whip”. Comentarios de Curubeto: Pino Solanas declaró que “es la visión de que somos un pueblo de imbéciles”, pero a Federico Klemm le pareció “genial”. Lo que puede decirse de la película cabe en una anécdota: hicieron todos los movimientos necesarios para que el presidente de entonces les permitiera filmar el renunciamiento a la vicepresidencia en un balcón de la casa rosada; no les importó en absoluto que el renunciamiento de Evita fue en la avenida 9 de julio. Nada más que aportar de mi parte, salvo decir que Curubeto hace una lista de películas basadas en Eva Perón que es muy interesante, y que prometemos, si podemos, usar.
Para ir cerrando la reseña, el libro también habla de Wim Wenders, de John Sayles (muy interesante), de la película “Starship Troopers”, y de la extrañísima manera de filmar de Wong Kar Wai (sin guión). También habla de varias películas relacionadas con Argentina, presentando personajes relacionados con nuestro país, o una Buenos Aires que da al mar y tiene palmeras. ¿Quieren saber cuáles? Lean el libro.
Yo por lo pronto termino la reseña con Borges. Curubeto habla de algunas películas filmadas en torno a la obra del escritor, como “Strategia del Ragno”, de Bertolucci, o “Performance”, de Nicholas Roeg, con la actuación de Mick Jagger. En alguna biografía de Borges leí que un crítico dijo que la película “Performance” era “una cloaca”, y es conocida la anécdota que María Kodama cada tanto cuenta sobre la admiración que Mick Jagger le profesó a Borges en algún encuentro casual. Curubeto habla de Borges en relación con la película “Men with guns”, de John Sayles. Yo particularmente, para aportar algo, recordaría que Diane Keaton avisa que tiene una entrevista con Borges (y que Borges se encuentra muy cómodo con ella) en la película “Manhattan” (y de paso agrego que me parece una enorme película). Finalmente, también cuento que a Borges le encantaba el cine, y tiene varios escritos al respecto. En relación a Hollywood, el que más me gusta es uno sobre el doblaje, que se encuentra en el libro Discusión, de 1932, y del que copio una parte: “Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. Los griegos engendraron la quimera, monstruo con cabeza de león, con cabeza de dragón, con cabeza de cabra; los teólogos del siglo II, la Trinidad, en la que inextricablemente se articulan el Padre, el Hijo, y el Espíritu; los zoólogos chinos, el tiyiang, pájaro sobrenatural y bermejo, provisto de seis patas y de cuatro alas, pero sin cara ni ojos; los geómetras del siglo XIX, el hipercubo, figura de cuatro dimensiones, que encierra un número infinito de cubos y que está limitado por ocho cubos y por veinticuatro cuadrados. Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante este prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?”
El libro “Babilonia Gaucha Ataca de Nuevo” no es muy difícil de conseguir, si uno lo busca. Por estos días, Octavo Sentido lo consiguió en alguna librería cercana a Santa Fe y Pueyrredón, pero puede encontrarse también en otras librerías más especializadas. Octavo Sentido lo recomienda, y mucho.
Año: 2001 Nombres original: Planet of the Apes Director: Tim Burton Actores: Mark Wahlberg, Tim Roth, Helena Bonham Carter
Tanto mi compañero de blog como yo somos fanáticos del estilo cinematográfico de Tim Burton. En lo particular tengo en la cima films como “Ed Wood”, “The Nightmare Before Christmas”, “Big Fish”, “Sleepy Hollow”, “Edward Scissorhands” o la inolvidable “Beetle Juice”. Es uno de los pocos cerebros en Hollywood que siempre nos ofrece cosas diferentes y originales con su particular (y oscura) perspectiva. Digo esto porque me duele tener que decir que su versión del Planeta de los Simios es de una mediocridad asombrosa, una innecesaria mancha en su carrera. Si bien hay chispazos muy dispersos de su genio, hay que decir que en esta película Burton se tropezó (se tropezó, se quiso agarrar de la mesa y la volteo con todo lo que tenía encima).
Obviamente las “remakes” son un desafío de los que pocos logran salir victoriosos. Tim Burton eligió un camino para sortear este enorme desafío de rehacer un clásico del cine, hacerlo totalmente distinto que el original. De hecho él mismo nunca quiso hablar de remake, siempre prefirió referirse a una nueva película. El argumento cambia radicalmente, los protagonistas cambian, en realidad es una película totalmente distinta. Era una idea interesante, pero los resultados fueron absolutamente desfavorables.
Comenzamos en una nave mucho más grande y moderna que la original, donde entre los humanos hay también monos llevados para experimentación. No puedo evitar comentar que empezamos la película con el pie izquierdo. En una escena muy ridícula, mandan a un mono llamado Pericles a dar una vueltita en una nave más pequeña para investigar una tormenta espacial. El protagonista, el intrascendente Mark Wahlberg interpretando a un tal Capitán Leo Davidson, quiere mucho a los simios con los que experimenta militarmente (vaya paradoja) así que despega con otra nave pequeña para intentar rescatar a Pericles. En la tormenta pierde el control y cae en un planeta desconocido. Olvidemos tan estúpida escena.
Pericles, todos vamos a terminar odiandolo
Mi primera sorpresa fue que una vez recuperado del impacto, se encuentra con seres humanos y, a diferencia de la original, pueden hablar (y en inglés, claro). Inmediatamente y con mucha violencia llegan los simios a cazarlos y esclavizarlos. Si en la película original los simios estaban erguidos y daban una apariencia mas humana, aquí son mucho mas “monos”, por decirlo de alguna manera. Esto es que andan encorvados, corren como cuadrúpedos, saltan a gran altura, se andan oliendo y chillan. Por otro lado tienen unas armaduras dignas del Señor de los Anillos. Leo es entonces capturado y comprado por Ari, quien vendría a ocupar el lugar de la doctora Zira del film original. Luego con la ayuda de Ari, el capitán escapa junto con otros humanos emprendiendo camino hacia el lugar de encuentro con la nave que supuestamente los rescatará.
Varias cosas para comentar. Primero, lo único rescatable es que hay chispazos claramente burtonianos que son bienvenidos. Los mejores son muy pequeños detalles que parecen jugar con las ironías y las referencias a la original. Por ejemplo, un simio en la calle dándole cuerda a una cajita musical mientras un enano humano baila alrededor, delirantemente genial. Una niña mona que adopta como mascota una niña humana rubia con aspecto de muñeca. Simios ancianos que lamentan no trepar a los árboles como antaño, que usan peluca o dientes postizos. O el agonizante padre de Thade (que justamente lo interpreta un ya anciano y políticamente incorrecto Charlton Heston), que antes de morir repite las mismas palabras que en la famosa escena final de la original, una idea muy buena. Claro, estos son detalles pequeños y dispersos que mas allá de su efectividad no logran poner a flote una película que se hunde desde donde se la mire.
Mensaje de texto para Wahlberg: "Mejor volvé a modelar y a cantar, que hasta los monos actuan mejor"
Y es que la película derrapa por todos lados. Para empezar las actuaciones son patéticas. Si Charlton Heston tenía una presencia que acaparaba el film en la original, Wahlberg es la intrascendencia pura sin el más mínimo carisma. La rubia que lo acompaña suele hablar poco y cada vez que lo hace dice una estupidez. El guión es muy malo. En la original teníamos reflexiones interesantes y como para pensar, como la introducción de Heston antes de hibernar, la teoría de Cornelius, el juicio por herejía, o el dialogo final con el Dr. Zaius. Aquí no encontramos una frase interesante, se desenvuelve todo en una acción desenfrenada rellena de pochoclerismo y convencionalismo que sorprende viniendo de un director que nos acostumbró a experiencias diferentes. Es decir, ni siquiera parece de Burton. El argumento se sostiene con cierta coherencia, con más acción que otra cosa, hasta el encuentro con la nave y el descubrimiento de la “verdad”. Allí se dará una escena de batalla donde hay una colección entera de situaciones trilladas: por ejemplo el capitán (con su ausente carisma) se hace el William Wallace, o el típico niño que quiere ayudar a pelear, no lo dejan y termina estorbando. La batalla termina de una manera tan absurda que causa vergüenza. Luego llegará el ridículo final, que deja pista libre a una secuela que por suerte nunca ha llegado. A pesar de esto, dicho sea de paso, es mas parecido al final del libro que al de la película original (como dije en el análisis de esta última, me gustó mas la película del 68 que el libro en el que está basado).
En conclusión, se puede decir que es la única (y grosera) mancha de Burton en su excelente carrera como director. Una versión totalmente innecesaria que naufraga en una mediocridad de principio a fin, con algunos destellos dispersos. A pesar de esto no cabe dudas que Tim, con los clásicos que tiene en su haber, merece ser perdonado de este rotundo fracaso.
Año: 2003 Nombre Original: The League of Extraordinary Gentlemen Director: Stephen Norrington Actores: Sean Connery, Peta Wilson, Shane West.
“The League of Extraordinary Gentlemen” es una novela gráfica escrita por Alan Moore e ilustrada por Kevin O´Neill. A quienes el nombre de Alan Moore no les diga nada (esta es una página de cine, no de comic books) les cuento que el hombre es una de las caras más famosas del comic mainstream anglosajón (pues el hombre es inglés), y que realizó obras como Watchmen y From Hell. Si aún no les dice nada, agrego que también escribió V de Vendetta (del que seguramente conocerán la fenomenal adaptación al cine producida por los hermanos Wachowsky.) Alan Moore suele ser sinónimo de calidad; no es raro que se haya desentendido de esta película.
Empecemos por el principio: ¡Que horrendo! La adaptación de la película (me lo habían advertido) es una de las peores cosas que alguien ha hecho con una novela gráfica. Igualmente la vi, y fue un verdadero suplicio. Ante todo, una aclaración: quienes no conozcan la novela gráfica, quienes no hayan disfrutado de su espíritu y de su grandeza, probablemente disfruten de la película. Quienes no conocen la novela gráfica simplemente piensan en encontrar una película para pasar el rato, y casi que la encuentran. Yo por lo pronto les diría que mejor vuelvan a ver Batman.
Novela Gráfica
Hablemos de la novela gráfica, que dentro del mainstream, no tiene desperdicio. Ante todo, es uno de las más famosas novelas gráficas del género steampunk. Steampunk para principiantes: estamos a fines del siglo XIX, pero en un tiempo paralelo, en el que la tecnología del vapor ha evolucionado enormemente, el Imperio Británico es poderoso, y hay multitud de problemas sociales. Es decir, todo igual, pero con una adelantadísima tecnología basada en el vapor. Se suele nombrar a “Wild Wild West” como el ejemplo más claro de steampunk en el cine; también podemos pensar en la locomotora de “Volver al Futuro III”. Que La Liga sea steampunk no significa demasiado (bueno, sí puede significar mucho para los amantes del género, pero no es por eso que La Liga es una buena novela gráfica). La principal característica de La Liga es que sus protagonistas son personajes literarios de la época. Mina Harker (protagonista de Drácula), Allan Quatermain (Las Minas del Rey Salomón), el hombre invisible, el capitán Nemo, el Dr. Jekyll, son los héroes de la historia. Además, el mundo en el que están insertos, es el mundo de la literatura de la época: aparecen el profesor Cavor (el inventor de la cavorita, el invento que permitía cortar la gravedad en la novela de H. G. Wells “The First Men in the Moon”), el profesor Moriarty, Fu Manchu, y hasta la huérfana optimista Pollyanna (que comparte una escena increíble con el hombre invisible.) La cantidad de referencias al mundo literario de fines del siglo XIX y principios del XX es un verdadero festín para los amantes de la literatura. Además, la segunda de las historias (hoy en día se está publicando la tercera) vino acompañada de varias páginas en las que se describía el mundo que habitaban los héroes de La Liga, ampliando las referencias hasta los límites de la literatura mundial. En esas páginas (en el número 3 del segundo volumen, para ser más exactos), no falta la descripción, por ejemplo, de “una atractiva isla comprada recientemente, a finales de la década de 1920, por Morel, un científico dedicado a la reproducción perfecta de verdaderos seres humanos”, ni tampoco la descripción de la ciudad de Babel, que tiene una biblioteca que otros llaman El Universo: “Dicha biblioteca, con sus hileras de galerías hexagonales que se dice que son infinitas en número, contiene todos los libros concebibles que podrían llegar a escribirse, traducidos a todas las lenguas concebibles. En algún lugar del interior, por tanto, existe un catálogo perfecto de todos los volúmenes de la biblioteca (junto con un número potencialmente infinito de catálogos falsos) y generaciones de bibliotecarios se han agotado buscado aquel código maestro”. No es extraño que sea una novela gráfica que uno puede leer infinitas veces, encontrando cosas nuevas cada vez.
Nemo ahora sabe pelear
La película. Bueno, la película parte de la base de que quienes la ven son estúpidos (no lo digo yo, lo dice la película.) Para comenzar, la trama de la película no tiene nada que ver con la historia que se cuenta en la novela gráfica. Ni con el primer volumen, en el que se forma La Liga y se combate en los cielos de Londres, ni con el segundo volumen, basado en “La Guerra de los Mundos” de H. G. Wells. Por otra parte, en la película los personajes cambian su personalidad: Quatermain tiene aire de suficiencia (esa que Sean Connery arrastra en todas sus películas), Jekyll está aún más loco que lo habitual, Nemo pelea como si fuera Bruce Lee, y Mina… ¡muerde como vampiro! Además, y como para ir cerrando la tragedia, se inventan personajes nuevos para el público inculto: aparece Dorian Gray, que a la gente de a pie le suena y que vende… y por supuesto, se pone un yanqui. Nada como un agente secreto llamado Tom Sawyer para que la muchachada reviente los cines. ¡Que asco! Ah, y Tom Sawyer anda en auto. La película, además, pierde absolutamente su espíritu original. Expliquemos. En la novela gráfica, Nemo se dirige a un miembro de la tripulación llamándolo “Señor Mate”, a lo que su marinero responde “Llámeme Ismael”. Y el que quiera entender que entienda. En cambio, la película se agota en explicaciones para atender la ignorancia media: Quatermain afirma que ningún hombre es tan rápido como Phileas Fogg, para agregar luego, con cara de entendido, que dio la vuelta al mundo en 80 días.
The League of Extraordinary Gentlemen
Además la película es aburrida, los conflictos sociales, económicos, raciales, demográficos, propios de una obra steampunk también se pierden. En casi todas las ilustraciones de la novela gráfica en que se ve la calle, se ve la violencia de una manera o de otra: gente discutiendo, prostitutas trabajando, mendigos rechazados por gente rica, etc. En la película eso brilla por su ausencia. Los personajes están estereotipados (algo que milagrosamente la novela gráfica evitaba, y digo milagrosamente porque todos los personajes son íconos culturales conocidos por todos). Y para colmo, el chorro que derrama el vaso (porque no es una gota, es un chorro) es el final, en el que Quatermain, moribundo, le dice a Tom Sawyer algo así como “ojalá que el próximo siglo sea el tuyo, como el anterior fue el mío”. Un bochorno.
En fin, “The League of the Extraordinary Gentlemen” es una novela gráfica maravillosa, que probablemente algunos especialistas desatenderán, pero que a los amantes de la literatura les encantará frecuentar. La película me hizo dar ganas de volver a leerla.
Año: 1968 Nombres original: Planet of the Apes Director: Franklin J. Schaffner Actores: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans, Linda Harrison
Si hacemos un ranking de los finales más famosos de la historia del cine, sin dudas la de El Planeta de los Simios debería estar entre los cinco principales. Si alguien no conoce al menos esa escena final que cierra la película, es porque debe haber vivido en un frasco y le recomiendo ir corriendo a verla antes de seguir leyendo mi análisis (igualmente, hasta quienes se encargaron de los afiches publicitarios y las portada fueron tan estúpidos de develarlo). Esta magnífica aventura de la ciencia ficción fue dirigida por Franklin Schaffner (Patton, Los niños del Brasil) y está basada en la novela homónima del francés Pierre Boulle (con notables diferencias).
Nuestra historia comienza con cuatro tripulantes que, luego de una misión, están regresando en su nave al planeta Tierra desde una región lejana del espacio. Como sabemos gracias a Einstein, el tiempo no corre igual para todos. Para una nave que alcanza velocidades relativamente cercanas a la de la luz, el tiempo transcurre muchísimo más lento. Lo que para estos tripulantes fueron meses, pueden haber sido cientos de años en la Tierra. Entonces esa es la base científica en la cual se asienta el argumento. Charlton Heston es Taylor, el líder de la nave, que antes de ponerse a “hibernar” junto a los otros tres integrantes hace unas reflexiones sobre el ya lejano siglo XX, esperando que las futuras generaciones hayan aprendido la lección sobre tan sangriento siglo. Esa introducción es muy interesante y al estilo de Carl Sagan en lo que respecta a como la inmensidad del espacio aplasta el orgullo del hombre, que sin embargo sigue luchando poniendo en riesgo su propia supervivencia (clara referencia a la Guerra Fría). Luego de esto se pone a hibernar junto con el resto, esperando que la nave llegue a su destino: La Tierra.
Es el año 3978 del calendario terrestre, casi dos milenios después de que la nave partiera hacia su misión. Las cosas no salen como esperaban y la nave cae en un mar de un planeta “desconocido”. Hundida la nave, comienzan a explorar el entorno y aquí comenzaremos con las excusas para que creamos que no están en la Tierra. Que el Sol, que los años luz, que la constelación de Orión, todo vale para argumentar que seguramente no están en nuestro querido planeta por mas que lo parezca (un final tan bueno no debe desperdiciarse). Allí se encuentran con unos seres humanos muy primitivos en estado salvaje que no desarrollaron el habla ( y que al menos actúan mejor que la película 10.000 B.C. ) hasta que llegan los simios a cazarlos y capturarlos. Taylor es herido en la garganta en dicha redada, para luego ser enjaulado e investigado por la (chimpancé) académica Zira. El novio de ella es Cornelius, que tiene la herética teoría de que los simios podrían haber evolucionado del hombre. El hombre es un animal maligno según las creencias religiosas de los simios, no se puede ser descendiente de tan vil criatura. Cuando Taylor logra volver a hablar y muestra signos de razonamiento (tampoco es que muestre demasiado) se abre el debate. Todo esto nos llevará a una especie de “inquisición” donde la jerarquía de los simios trata de destruir el argumento de Taylor y acusar de herejía a sus únicos defensores, Zira y Cornelius.
Amor mono
Me detengo aquí porque hay varias cosas para marcar. La primera es el único punto flojo y tiene que ver con lo que dije anteriormente sobre este tan sospechoso planeta “desconocido”. Si caemos en un planeta muy parecido a la Tierra, vemos incluso seres humanos, armas de fuego convencionales y nos secuestran unos monos que hablan inglés…sí, inglés, por mas sorprendidos que estemos... ¿dónde demonios podríamos estar? Y sin embargo tenemos que esperar una hora más para que el algo lento de Taylor se encuentre el monumento moderno más emblemático de la Tierra para darse cuenta.
Ahora lo más interesante del asunto. Lo que tenemos aquí es una teoría de la evolución pero cambiando el orden de los factores (que en este caso sí altera el producto, para disfrute del espectador). Zira y Cornelius representan al mismísimo libro de Darwin, en un debate donde tienen que vencer el conservadurismo religioso representado por la jerarquía de los simios englobados alrededor del Dr. Zaius en una especie de “inquisición”. Zira y Cornelius son acusados de herejía por contradecir “los rollos sagrados” de los simios, escritos por el “legislador” hace 1200 años. Los paralelismos inversos entre la problemática originada por la teoría evolutiva de Darwin y la de los defensores de Taylor son muy obvios, ambos deben luchar contra un orden religioso (las creencias simias basadas claramente en el cristianismo mas conservador) que necesita negarlo. Esto se evidencia fácilmente viendo el argumento de los detractores simios de dicha teoría evolucionista: “Sabios jueces, este caso es muy simple. Está basado en nuestro primer artículo de fe, que el Todopoderoso creó al simio a su propia semejanza. Que le dio un alma y una mente. Que lo separó de las bestias de la selva... y lo convirtió en el amo del planeta. Estas verdades sagradas son muy evidentes. La forma correcta de estudiar a los simios es estudiando a los simios, pero algunos jóvenes cínicos han elegido estudiar al hombre. Científicos pervertidos... que defienden una teoría insidiosa llamada ¨evolución¨.” Como vemos, no hay casi diferencias entre este argumento y el del cristianismo mas fanático. La película tiene entonces en primer lugar un mensaje en defensa de la teoría de la evolución, dejando al descubierto el conservadurismo dogmático que niega el parentesco del hombre con el mono, y lo que lo hace más interesante, utilizando una fábula inversa.
Acusación de herejía
Taylor pasa a ser según Cornelius el “eslabón perdido”, el puente entre los salvajes humanos y los inteligentes simios. Otro punto a destacar es que el simio intolerante y que maltrata a otros seres por considerarlos “inferiores” puede ser interpretado también como un espejo crítico del hombre mismo con el resto de las especies. Ejemplo de esto es que en la sociedad de los simios hay un zoológico donde hay humanos, e incluso uno de los tripulantes termina embalsamado en un museo. En este film el hombre abandona la cúspide evolutiva para ponerse a la par de los demás animales y compartir sus penurias, espléndida idea.
Invaluable pieza de museo
Pero si hay un mensaje que cierra la película, es la crítica anti-belicista ligada irremediablemente a la Guerra Fría contemporánea al film. Cuando en la memorable escena final Taylor por fin descubre la verdad sobre el planeta donde está parado, no puede contener su ira contra su propia especie, “Malditos… ¡volaron el planeta!” grita Heston. El hombre se había destruido a si mismo, pero lo que es peor, el Dr. Zaius tenía razón sobre la naturaleza del hombre. Antes de dejarlo partir hacia la “zona prohibida”, le había confesado que sabía la verdad: “Siempre estuve enterado del hombre. Por las pruebas, creo que su sabiduría está a la par con su idiotez. Sus emociones gobiernan su cerebro. Es un animal belicoso que lucha contra todo lo que le rodea, incluso él mismo. (…) La zona prohibida era en otro tiempo un paraíso, tu especie lo convirtió en un desierto hace siglos.” Esta sensacional crítica contra la guerra es lo que da un sentido más interesante al final, la naturaleza “maligna” del hombre inscripta en el pensamiento de los simios toma sentido al haberse autodestruido como civilización. El Dr. Zaius cree que la evolución de una especie lleva inevitablemente a su autodestrucción, por eso manda a destruir las evidencias arqueológicas de Cornelius y olvidar lo que pasó. En pocas palabras, quiere dejar a su sociedad alejada de la tecnología para sobrevivir a sí misma.
Otro punto a destacar son las excelentes máscaras de los simios, increíblemente realistas para la época. A su vez, están físicamente diferenciadas las clases en chimpancés (que serían los civiles), gorilas (militares, como no podía ser de otra manera) y orangutanes (jerarquía político-religiosa). La ambientación también merece una mención, esa sociedad simia que recién comienza a dar sus primeros pasos como civilización está retratada muy bien visualmente.
Y sí, gorilas tenían que ser los militares...
Las diferencias con el libro son notables, y aunque pueda sonar herético decir estas cosas, en mi opinión la película lo supera. El libro tiene para mi gusto una narración ligera y por momentos algo infantil. Por otro lado los simios son avanzados tecnológicamente, es una sociedad industrial, andan en autos y está llena de paralelismos con la sociedad del siglo XX. Para mi gusto, la idea de que los simios recién estén tecnológicamente en pañales como en la película sienta mucho mejor con el argumento. Ni hablar que el final de la película es muchísimo mas impactante. Sin embargo, para decir a favor del libro… ¡los simios no hablan en inglés!
Concluyendo, un verdadero clásico de la ciencia ficción imprescindible para todos. Es una película con una idea muy bien desarrollada plasmada de dilemas acerca del hombre mismo, con excelentes actuaciones. Tan buena como para atreverse a decir que supera al libro, un caso de los que no abunda. Si bien el final es famoso y hasta demasiado previsible, no deja de erizar la piel esa brillante escena que cierra la película y que nos sirve como advertencia de lo peligrosa que es nuestra propia especie.
Año: 2002 Nombre original: The Time Machine Director: Simon Wells Actores: Guy Pierce, Samantha Mumba, Sienna Guillory, Mark Addy, Jeremy Irons
“La Máquina del Tiempo” es una película de 2002, basada en la obra “The Time Machine” de nuestro queridísimo H. G. Wells, y en la película de 1960 “The Time Machine”, de George Pal. La película fue dirigida por Simon Wells, especialista en dibujos animados, director de “El Príncipe de Egipto” y “Faivel va al Oeste” y, lo que es más importante, nieto (o algo así) del celebérrimo H. G. Wells. La adaptación corrió por cuenta de John Logan (“Gladiador”, “El Aviador”, “Sweeney Todd”, y ¡Ay!... “El Último Samurai”), y fue protagonizada por Guy Pierce, Samantha Mumba, y la bellísima Elena de Troya (quiero decir, Sienna Guillory.)
Quienes nos lean con asiduidad notarán que el primer párrafo es una remake al primer párrafo de mi otro escrito sobre La Máquina del Tiempo. Si todo el mundo hace remakes, ¿Por qué yo no? Es mucho más fácil que pensar algo original.
Ante todo, va un aviso. La película me gustó. Aquellos que la odien pueden pasar instantáneamente a leer otra entrada. Eso sí. Que me haya gustado no quiere decir que pueda compararla, ni por asomo, con la joya original de 1960. Es bastante peor. Aquí no hay ninguna denuncia del papel de la ciencia en la sociedad contemporánea, la máquina no es tan bonita, y el encanto original (como en toda remake) se pierde. Pero así y todo me gustó. Tal vez sea porque la comparo con otras cosas que he estado viendo últimamente, y que me han sacado de las casillas.
El protagonista, Alexander Hartdegen, a diferencia de nuestro amigo de la película de 1960, parece ser muy feliz en la Nueva York de 1899. Es profesor, y está de novio con Elena de Troya. Otra vez. Con Sienna Guillory. No pasan cinco minutos sin que el guionista cometa una estupidez: nuestro amigo se cartea con un empleado de patentes alemán, llamado Albert Einstein. Respiremos hondo y démosle una segunda chance. Sienna Guillory es asesinada momentos después de que nuestro amigo le proponga matrimonio. La felicidad se escapa.
Pasarán cuatro años en los que nuestro amigo ha estado encerrado estudiando las probabilidades de viajar en el tiempo (eso suponemos, sólo sabemos que ha estado encerrado). Luego de una conversación con su amigo Filby (que ni de lejos podemos comparar con la conversación de 1960), nuestro amigo decide partir. A diferencia de la película original, y como no podía ser de otra manera, nuestro amigo retrocederá hasta la noche en que su amada muere. Intentará salvarla, pero no podrá. El pasado es inmodificable. Nuestro amigo escapará hacia el futuro.
Guy Pearce y Sienna Guillory
Nuevamente las diferencias. Si en 1960, el guionista aprovechaba los conocimientos generales para detener a nuestro amigo en medio de las guerras, en esta película se hace una apuesta por el futuro (quiero decir, por nuestro futuro). Alexander se detiene en 2030, y luego en 2037. En 2030 se entera que el hombre está colonizando la Luna; en 2037, que ha logrado destruirla. Esto provoca una catástrofe que en nada nos recuerda al apocalipsis nuclear de la película original. Según parece, los miedos hoy son otros. Pero… ¿una Luna rota que cae sobre la Tierra? Nunca se me había ocurrido.
Finalmente, el viaje largo. El año es el mismo, 802701. Para quienes gusten de estas cosas, el día es distinto: ya no 12 de octubre, sino 16 de Julio. Nuevamente vemos a los Eloi, que esta vez sí hablan otro idioma, aunque algunos conservan el inglés. Estos Eloi son distintos a los originales: trabajan. Y nuevamente los Morlocks, que esta vez ya no son todos iguales, sino que están divididos en castas, pues algunos evolucionaron hasta ser como Jeremy Irons. Hasta aquí llego, por si alguien quiere verla.
Algunas cosas que deseo destacar. La primera es una escena fantástica. Dura unos segundos, pero creo que ella sola hace que la película valga la pena. Mientras nuestro amigo recorre el siglo XX a paso acelerado, la cámara se va alejando hacia arriba, hacia el cielo, mientras por delante de ella pasan aviones cada vez más modernos, y cada vez volando más alto, hasta llegar a los satélites y a una nave espacial que llega a la Luna. Una escena encantadora.
La segunda es una tontería. El hombre tiene una cadenita que le gusta mucho, se le cae afuera de la máquina, y, desesperado, ve como se desintegra antes sus ojos. Digo yo, si tanto le gusta la cadenita… ¿por qué en vez de lamentarse, no frena y vuelve a buscarla? ¡Tiene una Máquina del Tiempo!
Otra cosita: en el 2030 Alexander encuentra una especie de programa que sabe todo y que contesta preguntas en una biblioteca. Alexander le pregunta sobre viajar en el tiempo, y el programa le responde que eso es ciencia ficción, y le habla de H. G. Wells. Es una escena que deja, al menos, perplejo.
Jeremy Irons Morlock
Las otras dos cosas, no podía ser de otra manera, son comparaciones con “Volver al Futuro”. Según imdb, Simon Wells participó en el Futuro de “Volver al Futuro II”… bien por él. Me llamó la atención los diferentes futuros cercanos que las dos películas prometen. En 1989, Volver al Futuro proponía un 2015 con autos que volaban, y caos de tránsito. En 2002, “La Máquina del Tiempo” promete un 2030 en el que la mayoría de los neoyorquinos andan en bicicleta, y el cielo es increíblemente azul. Precioso.
Lo último tiene que ver con la pregunta central de la película. Alexander viaja al futuro en busca de una respuesta: ¿Por qué no se puede cambiar el pasado? Recordarán que Marty McFly lo modifica completamente, cambiando de esta manera el presente. Dos visiones del mundo distintas, representantes del nunca acabado debate religioso entre la predestinación y el libre albedrío. De cual lado ubicarse, ustedes elegirán.
Año: 1959 Nombres en español: " Escalofrío " o " El hormigueo " Director: William Castle Actores: Vincent Price, Judith Evelyn, Darryl Hickman, Philip Coolidge, Patricia Cutts
Siempre pensé en lo lindo que hubiese sido ir al cine en los años 50’s o 60’s, donde existía un ritual y una forma de vivir el cine muy distinta a la de estos tiempos en que cuesta tanto sorprendernos. The Tingler no hizo más que avivar ese deseo. Es tal vez la película más interesante para haber ido a ver al cine que se haya hecho en los años 50’s. Es casi un experimento cinematográfico del género de terror pensado exclusivamente para ver en la pantalla grande y con muchos detalles sobresalientes, que sin ser perfecta logra su cometido. Y si la disfruté desde casa, ni me imagino lo que habrá sido en las salas de cine.
Imaginen que están en 1959, y van al cine a comprar la entrada para ir a ver The Tingler. Se apagan las luces, comienza a rodar la película y lo primero que aparece es el director del film haciendo esta introducción: “Me llamo William Castle. Soy el director de esta película. Me siento obligado a advertirle que algunas de las sensaciones y algunas de las reacciones físicas que sentirán los actores en la pantalla las sentirán también, por primera vez en la historia del cine, algunos de los espectadores. Digo "algunos" debido a que ciertas personas son más sensibles que otras a estas misteriosas pulsaciones eléctricas. Estas desafortunadas y sensibles personas sentirán a veces un extraño hormigueo. Otras lo sentirán en menor grado. Pero no se alarme, pues podría protegerse. En cuanto perciba esa sensación de hormigueo podrá sentir alivio gritando. No debe darle vergüenza descargar un alarido a todo pulmón. Recuerde que la persona que está a su lado probablemente también gritará. Y recuerde lo siguiente: Un alarido en el momento oportuno podría salvarle la vida.” Así como lo leen pasó, prepararon las butacas del cine para que den muy pequeñas descargas eléctricas y el público sienta el “escalofrío” de los protagonistas en pantalla. Por algún motivo el experimento no prosperó luego de The Tingler (me gusta conjeturar que alguna butaca se transformó en una silla eléctrica), pero la idea era brillante y envidio a quienes hayan podido estar ahí. No sólo eso, también había espectadores “pagados” para gritar y fingir desmayos de terror.
Todo esto hubiese sido en vano si la historia no acompaña, y en ese sentido The Tingler es perfecta. El inolvidable Vincent Price es quien hace del protagonista de la historia, un forense muy comprometido con sus investigaciones y sin demasiados dilemas morales a la hora de buscar respuestas. Resulta que este forense está convencido que el “escalofrío” que se tiene al sentir miedo es una fuerza misteriosa que actúa sobre las vértebras. Esa fuerza va creciendo como si fuera un organismo, tensando las vértebras con el poder incluso de partirlas a menos que se logre aliviar la tensión a través del grito. Es el grito lo que permite a la persona zafar de la situación y disminuir esa fuerza, por eso la última frase del director con respecto al “alarido”. Como ven está todo preparado para que la gente grite en el cine, y luego agregaré más ingredientes para esto. Pero volvamos a la historia. El forense necesita encontrar respuestas y para eso intenta analizar a alguien en el momento que sufre una situación terrorífica, y primero lo intenta consigo mismo. Aquí vamos a encontrar otro detalle interesante para agregar a los tantos que tiene la película, el uso de LSD. El forense interpretado por Price se inyectará ácido lisérgico por primera vez en el cine. Esto es porque según comenta su ayudante “causa pesadillas cuando se está despierto”. El problema es que las alucinaciones son demasiado escalofriantes y no puede evitar dar un grito de espanto. Entonces nuestro amigo forense no tiene mejor idea que experimentar con una sordomuda fóbica (en la última parte veremos una vuelta de tuerca muy interesante al respecto). Muerta del susto por no poder gritar, el protagonista analiza su cadáver y encuentra una mezcla de escorpión y ciempiés en su columna vertebral. Eso es entonces lo que crece con el miedo, el “escalofrío” o el “hormigueo” que sentimos al asustarnos es un horrible bicho negro parecido a un escorpión en nuestras vértebras. Y aquí llegamos a uno de los defectos de la película, está bien que sea del 59’ la película pero se podría haber hecho un bicho digamos… mas convincente. Este “escalofrío” o “tingler” ni siquiera mueve las patitas, se arrastra de manera ridícula por el suelo como un muñeco de peluche arrastrado por un hilo. Vincent Price tiene que lidiar con el bicho como puede, al mejor estilo Lugosi con el pulpo de utilería. Igual digamos que ver al bicho en la sala de cine y en esa época habrá sido una situación diferente.
Mejor gritar de espanto a que crezca este bicho en las vértebras
Pero las sorpresas para los espectadores del cine todavía siguen (¡cuanta envidia con esos privilegiados!). Resulta que el “tingler” de la sordomuda se mete nada más y nada menos que en un cine. Y la única manera de estar a salvo es… ¡¡gritar!! Por lo que nuestro protagonista le dice a la sala: “Damas y caballeros: ¡por favor, no sientan pánico! ¡Griten! ¡Griten con toda el alma! El “escalofrío anda suelto en esta sala! ¡ Y si no gritan, podría matarlos! ¡Griten! ¡Griten! ¡Sigan gritando!” Imaginen entonces a la sala de cine, con las butacas descargando electricidad, la pantalla que por un momento se pone en negro, la gente gritando y Vincent Price llamando al caos general. Yo creo que debe haber sido un momento de gloria cinematográfica inigualable.
La película no se contenta con todos estos elementos originales, tiene más cosas para ofrecer. En la escena en que la sordomuda “alucina” en un baño, la película que es blanco y negro muestra un color. El grifo del lavatorio y la bañadera están cubiertas de rojo, del rojo sangre como no podía ser de otra manera. Por otro lado la personalidad del forense y del marido de la sordomuda están muy bien logrados, y hasta el final no terminaremos de conocer sus verdaderas intenciones. Por último el humor negro también esta presente, especialmente entre nuestro protagonista y su despechada esposa.
Y un día se hizo el color
Igualmente uno queda con la sensación que la película podría haber sido todavía mejor. Mas allá de lo que dije sobre el rudimentario bicho, para lo que el film busca tiene un ritmo lento y sin los sobresaltos que uno esperaría. Sin embargo es un clásico de terror imprescindible para los amantes del género. Especialmente por los elementos experimentales en la pantalla grande, como intentar interactuar con el afortunado público del cine. A tal punto que si tuviese la máquina del tiempo retrocedería al 59’ para ir a ver esta película a una sala y contemplar sus consecuencias.
Mi puntaje:
PD: Atención, peligro de remake. Estaría en proceso de producción una nueva versión de esta película. Están avisados.
Inaugurando nuestra nueva sección de videos producidos por Octavo Sentido, un humilde tributo a las bestias en su década dorada e irrepetible, los años 50's. La fascinación estadounidense por una invasión monstruosa en esa década (culturalmente ligada con la guerra fría y la amenaza comunista) logró que con pocos recursos y mucha imaginación se crearan inolvidables bestias. El único foráneo del video es, como no podía ser de otra manera, el famoso Gojira original nipón (mejor conocido como Godzilla). Por eso este homenaje de Octavo Sentido a algunos de estos adorables, precarios y sorprendentes monstruos que tantas alegrías (y algun escalofrío) nos han obsequiado.
ROBOT MONSTER 1953 GOJIRA 1954 The BEAST from 20.000 FATHOMS 1953 CREATURE from the BLACK LAGOON 1954 THEM 1954 TARANTULA 1955 THE FORBIDDEN PLANET 1956 IT CONQUERED THE WORLD 1956 THE MOLE PEOPLE 1956 THE BLACK SCORPION 1957 ATTACK of the CRAB MONSTERS 1957 THE LAND UNKNOWN 1957 The MONSTER that CHALLENGED the WORLD 1957 THE DEADLY MANTIS 1957 IT! The TERROR from BEYOND SPACE 1958 EARTH vs THE SPIDER 1958 BEHEMOTH THE SEA MONSTER 1959
Año: 1960 Nombre original: The Time Machine Director: George Pal Actores: Rod Taylor, Yvette Mimieux, Alan Young.
“La Máquina del Tiempo” es una película de 1960, basada en la obra “The Time Machine” de nuestro queridísimo H. G. Wells, y es un clásico con todas las letras de la ciencia ficción cinematográfica. La película fue dirigida por Gorge Pal, quien produjo películas como “Destination Moon”, “When Worlds Collide”, y la versión de 1953 de “The War of the Worlds”, y dirigió varios cortos de animación que en los 40 fueron nominados al Oscar. La adaptación corrió por cuenta de David Duncan, y fue protagonizada por Rod Taylor (también protagonista de “Los Pájaros”, de Hitchcock), Yvette Mimieux (que además de actriz retirada es antropóloga), y Alan Young (conocido por la serie “Mister Ed”).
Todos conocerán, por sólo ver el título, la base argumental de la película. Nuestro protagonista, que no es otro que el mismísimo Wells, inventó una máquina del tiempo. La noche del cambio de siglo, a punto de pisar el siglo XX, se lo cuenta a sus amigos, quienes primero no le creen, y luego no ven utilidad (económica) al asunto. Le dicen que lo mejor sería que se pusiera a inventar cosas rentables aprovechando la guerra que el imperio británico lleva a cabo contra los Boers. Nuestro amigo pretende probar la máquina igual. Su mejor amigo le hace una pregunta que podríamos resaltar como clave, y que podríamos resumir con dos palabras: “¿Por qué?”. Wells le responde que no le interesa la época en que nació, pues los hombres sólo utilizan su conocimiento para hacerse daño unos a otros, ejemplificando, claro está, con la terrible guerra en Sudáfrica. Nuestro amigo es inventor, y la utilización del conocimiento y la tecnología como medios de destrucción no le gusta; tampoco le gusta, por ende, la época en que esto se ha vuelto común, la época en que un inventor debe dedicar sus esfuerzos a la destrucción de sus semejantes. Su amigo (el nombre es Filby) contraataca diciendo que el hombre no debe ir contra las leyes de la Providencia. A Wells no le interesa demasiado el asunto: quiere conocer el futuro, y lo hará.
La máquina del tiempo
La máquina es hermosa. Un amplio asiento, un disco giratorio detrás, y unas luces al frente. Ha aparecido en varias series de televisión (Cosmos, The Big Bang Theory), varios pueden haberla visto allí. La Máquina avanza por el tiempo no a la manera del auto De Lorean de “Volver al Futuro” (transportación inmediata), sino que avanza en el tiempo viendo los cambios a su alrededor, a velocidad regulable. Nuestro amigo puede detenerse cuando quiera. Igualmente, los momentos en que viaja no son los más logrados de la película.
La adaptación de la novela de Wells depende mucho del contexto en que se haga: esto es lógico, pues el futuro que Wells no conocía, nosotros sí lo conocemos. Nuestro amigo se detendrá en 1917 y 1940, para observar las guerras; de esta forma podrá corroborar sus ideas sobre la pésima utilización del conocimiento y la tecnología en su época. La película es de 1960, la siguiente parada del protagonista es en 1966; sólo para ver la destrucción de todo lo que conoce por un holocausto nuclear, por medio de satélites que arrojan bombas. Un miedo cotidiano aprovechando la guerra fría.
Ahora sí: al futuro. Wells acelera. Se va lejos. Cuando logra detenerse, es el día 12 de Octubre del año 802701. Sí, así de lejos. Nuestra primera alegría será que luego de tanto tiempo no ha cambiado el idioma. Chistes idiotas aparte, la raza humana se ha dividido en dos. De un lado los Eloi, jóvenes, despreocupados, y absolutamente apáticos. Del otro los Morlocks, que viven bajo tierra, son horrendos, y parecen controlar a los primeros. ¿Qué piensa nuestro amigo de la sociedad Eloi, a primera vista utópica, donde nada falta, y donde se vive sin conocimientos? Pues lo enoja, claro. Tantos años ha luchado la humanidad para que estos mocosos vivan sin libros y sin trabajar. Nuestro amigo hasta montará una escena, un tanto vergonzosa (al menos para mí, que lo siento como un embajador de mi tiempo). La cuestión es que la humanidad, según nuestro amigo, se ha convertido en “vegetales vivientes”. Más allá de eso, Wells también encontrará una linda chica llamada Weena, y alguna aventura contra los Morlocks. Mejor no seguir con la sinopsis, por si alguien la mira.
Morlocks
La película me pareció más que buena. Un tanto naif, seguramente; e irremediablemente inferior a los viajes posteriores de Marty McFly. Así y todo, es una película que puede ver cualquiera, aunque no sea amante de este género en particular. A mí, por lo pronto, me parece buenísima; sabrán quienes nos siguen que eso no es garantía de nada.
Muchos de los problemas sobre viajar en el tiempo que pueden verse en esta película, no serán desconocidos para nadie que haya visto “Volver al Futuro”; démosle nuevamente el crédito a H. G. Wells por haber logrado influenciar sobre tantas maravillas.
Año: 2008 Nombre original: Tôkyô zankoku keisatsu Director: Yoshihiro Nishimura Actores: Eihi Shiina, Itsuji Itao, Yukihide Benny, Jiji Bû
Lo particularmente precioso que tienen las producciones de Japón es que siempre se animan a ser más extremas. Por más gore y violenta que sea una película occidental, siempre habrá una japonesa que lo hace a una escala mayor. Hay films de culto como Battle Royale que dan ejemplo de esto. Podríamos seguir así desde las animaciones hasta los programas de TV, los japoneses siempre se animan a más sin demasiados dilemas. Esta película nos sirve para recordarlo, puesto que es difícil igualar esta cantidad industrial de sangre, tripas y violencia gratuita. Nosotros, agradecidos.
Para describir fácilmente este film, es literalmente un baño de sangre. Incluso en una escena la protagonista abre un paraguas para no mojarse de los litros de jugo de tomate que caen, luego de amputarle ambos brazos a un hombre que la manoseó en el subte. Durante una hora y media vamos a recibir tanta sangre como para que los hospitales no necesiten mas donantes por un tiempo. No podemos olvidarnos de nuestras amigas las tripas, claro. También tendremos suficientes como para abrir una cadena de carnicerías. A todo esto debemos agregar las aberrantes y deformes abominaciones (especialmente femeninas) que aparecen.
Fijate bien donde te estas sentando
Si ponemos un parabrisas en la pantalla para que limpie un poco la sangre y las tripas, veremos que detrás hay incluso una historia y todo. Resulta que en un futuro la policía de Tokio se transforma en una corporación privada, a pesar de las protestas contra la medida. Uno de los mayores opositores era el padre de la protagonista, un policía que fue asesinado mientras protestaba contra la privatización de su fuerza. Y como por si algún espectador tiene dudas si fue asesinado, vamos a ver unas cuantas veces como se le abre simpáticamente la cabeza de un disparo. La hija y protagonista es Ruka, una mujer policía que se dedica a cazar “ingenieros”. Estos son criminales con una particularidad genética de mutar que luego explicaremos mejor. Esta mutación se genera a través de una especie de “llave” que se inserta en la piel. Ruka, a medida que persigue e investiga a estos criminales mutantes comienza a darse cuenta de muchas cosas sobre ella misma, sobre el asesinato de su padre y sobre la policía privada para la cual trabaja. Si bien la historia es una excusa para ver un mar de sangre, lo cierto es que acompaña muy bien y tiene más argumento que muchas de las estupideces que salen hoy en día.
Dijimos que los “ingenieros” son unos criminales con la capacidad de mutar. En realidad son en un principio como cualquier persona solo que cuando pierden o le es amputada alguna extremidad, desarrollan en esa zona un arma sanguinaria. Con eso comprenderán que las amputaciones están más que justificadas para el argumento… por lo que veremos escenas que jamás habríamos podido imaginar. Sí, ahí está lo interesante del asunto. En una escena una mujer le corta el pene a un policía de un salvaje mordisco y luego le es insertada la llave. Lo que veremos entonces es al policía convertido en uno de estos mutantes con… un pene gigante convertido en una especie de cañón. Hay varios de estos momentos gore como para guardar en nuestra retina. Uno no puede evitar reírse ante esas situaciones, además de que los efectos a veces se ven algo forzados y la cantidad de sangre que emana siempre es absurdamente exagerada.
Te voy a comer a besos
Si bien tiene algunas escenas influenciadas por la ola post-Matrix, es una película claramente nipona con referencias constantes a su cultura. Esto más allá de la vinculación inevitable con el animé, claro está. Sabemos de los problemas en Japón con respecto a los suicidios, especialmente en los jóvenes. Así una ficticia publicidad televisiva nos muestra a unas chicas japonesas queriéndonos vender un elemento cortante para suicidarnos mejor y con estilo. Los policías andan con una vestimenta claramente influenciada por los samurais (especialmente el casco). Y como frutilla del postre, en una escena aparece un chino contento de ver cadáveres japoneses.
La policía privada "samurai" de Tokyo
Las escenas violentas son constantes pero algunas tienen contenidos interesantes y todo. Por ejemplo la demostración de un nuevo sistema para la pena de muerte. La familia de la víctima ejecuta contenta al criminal desde su casa, haciéndolo como si de una Nintendo Wii se tratara. Moviendo las manos simulando ser las del verdugo, torturan y matan al condenado cómodamente desde el hogar. En otra escena, un spot televisivo muestra un descarado fusilamiento ante las miradas felices de los niños en una campaña para que se unan a la nueva corporación policial. Sin dudas que estos temas traspasan las fronteras y podrían vincularse bastante con el problema de la inseguridad y las soluciones propuestas por algunos sectores en nuestro país. La privatización policial tampoco debería sorprendernos tanto cuando aquí hay más seguridad privada que policías, siendo el gran negocio de la época.
En conclusión, es una película muy disfrutable para quienes quieran escapar de la rutina cinematográfica con un placentero y enfermizo baño de sangre (y que tengan el estómago para aguantarlo, claro). La historia acompaña bien pero como dije es más una excusa como para mostrarnos violencia, amputaciones y abominaciones pseudohumanas. En pocas palabras, ideal para verla en pareja en una velada romántica.
Año: 1964 Director: Nathan Juran Guionistas: Nigel Kneale y Jan Read, sobre una obra de H. G. Wells Actores: Edward Judd, Martha Hyer, Lionel Jeffries.
Año 1901: H. G. Wells publicaba la novela “The First Men in the Moon”, la historia de los primeros hombres que lograban llegar a la Luna. El libro tendría influencia en gran parte de las películas sobre viajes a la Luna, pero su historia sería adoptada en pocas películas. Influenciaría, por ejemplo, a la película que George Méliès realizaría un año después (“Le voyage dans la Lune”), la cual estaba adoptada tanto de esta obra de H. G. Wells como de la obra de Julio Verne “De la Terre à la Lune, Trajet direct en 97 heures 20 minutes”.
“The First Men in the Moon” influenciaría a muchas más (digamos, a todas las obras en las que se encuentren pueblos viviendo en la Luna), pero las adaptaciones directas que suelen nombrarse son dos. Una es “The First Men in the Moon”, realizada en 1919, dirigida por Bruce Gordon y J. L. V. Leigh, y protagonizada por Bruce Gordon y Heather Thatcher. La otra “First Men in the Moon”, de 1964, es la que reseñaremos aquí.
Año 1964: en medio de la carrera espacial entre norteamericanos y soviéticos, el antiguo Imperio Británico también quiso poner su parte. Mientras la llegada a la Luna era cuestión de (poco) tiempo, y la pregunta era quién lograría hollar primero la superficie lunar, esta producción británica basada en la obra de H. G. Wells daría su veredicto. Los primeros no “serían” ni los norteamericanos ni los soviéticos; los primeros “fueron” los británicos.
La película da inicio con imágenes magníficas sobre el primer alunizaje. La misión es multinacional: británicos, norteamericanos, rusos. El primero en bajar es Andrew Martin, un granjero de Indiana. En el planeta Tierra se festeja el acontecimiento. Durante su primera exploración, los astronautas encuentran una bandera británica, y una nota que reclama el territorio para la Reina Victoria, firmada en 1899. El papel utilizado para la notas los llevará a el Señor Bedford, quien vive en un hogar para ancianos. Él nos contará la historia que los llevó a la Luna.
Año 1899: el señor Bedford es un escritor teatral con problemas; no tiene dinero, ni obra (en realidad de su futura obra sólo tiene el nombre: “El Triángulo Eterno”). Su novia, Kate, no está informada de estos hechos, y lo acompaña a pasar un tiempo en una casa que el señor Bedford ha alquilado. Como vecinos tienen a uno de esos extraños científicos que sólo viven en las obras de ficción, un tanto loco y bastante distraído, de nombre Cavor. Bedford y Cavor se hacen amigos, y el científico le cuenta sobre un magnífico descubrimiento: la cavorita, que corta la gravedad. La cavorita se aplica sobre un objeto (como si fuera barniz) y el objeto vuela. Bedford le dice a Cavor que quiere invertir en el proyecto, y llegan a un acuerdo. Los experimentos continúan hasta que Cavor le confiesa cuál es su mayor anhelo: llegar a la Luna. Para esto ya tiene todo preparado, incluyendo la nave que lo llevará. Bedford cree que es un sueño ridículo, hasta que Cavor da en el blanco: le dice que en la Luna hay minerales preciosos, y que ni siquiera están en magma, sino en pepitas. Uno sólo debe ir y recogerlos. Ante tal vista de una colonia perfecta, Bedford decide acompañarlo. A último momento se unirá Kate.
Nuestros amigos emprenden el viaje, que concluye bien. La Luna es maravillosa. Las escenas de caminata lunar son de lo mejor que puede verse aún hoy (teniendo en cuenta la tecnología con la que fueron hechas, claro). Se reclama el territorio en nombre de la reina Victoria, y allí quedan la bandera y el papel que más de medio siglo después encontrarían los astronautas. Luego de un corto recorrido (tuvieron suerte de aterrizar en el lugar justo), nuestros amigos descubren una civilización que logró crear un ambiente lleno de oxígeno gracias a la utilización de luz solar. Estos selenitas son extraterrestres de lo más simpáticos. Igualmente, surgen los problemas: Cavor quiere comunicarse con ellos, tratar de entenderlos; Bedford comienza a repartir golpes a la primera oportunidad. Esta división entre los dos protagonistas seguirá hasta el final.
Luego de los primeros contactos, hombres y selenitas logran comunicarse, y vemos algo notable. Los selenitas tienen miedo a una probable invasión desde la Tierra. A diferencia de la visión clásica, de terráqueos aterrados ante la perspectiva de una invasión alien, quienes no saben qué hacer aquí son los habitantes de la Luna. Las escenas finales son muy buenas, incluyendo una interesante charla entre Cavor y el líder de los selenitas. Que Bedford y Kate huyen es lógico: lo sabemos desde que comienza la película. El final es un tanto extraño; no estaba en la novela original, y parece haber sido sacada de otra obra de Wells, que no pienso nombrar, pero que muchos imaginarán.
La película también destaca en rubros técnicos. Los decorados son muy buenos. De a ratos podemos ver lo que podríamos llamar un pop austero (¿eso existe?), algo así como los colores del pop, pero en un ambiente sobrio, victoriano. La civilización selenita tiene también una gran predilección por los cristales de colores. El monstruo gigante que ataca a los hombres, hecho con Stop Motion es, todavía hoy, adorable. No es para menos: quien se encargó de esto fue Ray Harryhausen.
La película fue dirigida por Natham Juran, director también de “The 7th Voyage of Sinbad”, y anteriormente director de arte de películas como “How Green Was My Valley” y “The Razor’s Edge”. La adaptación del guión corrió por cuenta de Nigel Kneale (el creador de Bernard Quatermass), y de Jan Read. Tiene algunas diferencias con la novela de H. G. Wells; probablemente todas sean para mejor. La conclusión es que es entretenida, simpática, interesante de a ratos: de las mejores películas sobre viajes a la Luna que he visto.
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